Por si no era poco mi carencia de B12 que me tenía enclaustrada en casa, el viernes me subí el listón de las dificultades… varios metros: me he roto el tobillo izquierdo, el de la pierna buena y sana, que ahora está peor que la pierna mala.

Sigo teniendo inyecciones, aunque esta vez no son de B12, sino de heparina, a diario y en la tripa. La B12 me la tomo en pastillas sublinguales, creyendo en el milagro de que estaré genial de la pierna mala (la mala de la B12) para cuando me quiten la escayola de la pierna peor (la de la escayola).

Dentro de este virtuosismo del más difícil todavía, mi rotura la conseguí yo solita en mi casa, sin coger carrerilla, ni dar un salto ni caerme desde cierta altura. Estaba de pie, fui a abrir la puerta, se me soltó la mano de la puerta, perdí el equilibrio hacia atrás y aterricé sobre mi pierna izquierda, que se había plegado como un acordeón. Y eso son DOS roturas en el maleolo.

Lo bueno es que las fracturas no tuvieron desplazamiento y ni siquiera hubo que reducir, se limitaron a enyesar.

Seis semanas más de inmovilidad (duermo un mogollón hasta que me harte de dormir, claro). Descanso, vuelvo a ver «El ala oeste» (voy terminando la 5ª temporada) y he vuelto a leer. No hay mal que por bien no venga…

P.

Lo de hoy son un par de disparates que me encontré en sendos titulares.

Tal como está redactado, el SIDA es el del Sr. Mandela, que me atrevo a decir que fundó esta ONG. No me meto con el leísmo, ni con los 90 grados… Soy muy generosa, pero saca tus propias conclusiones.

El siguiente disparate es colosal:

El DRAE tiene esto en su primera entrada para batalla:

1. f. Serie de combates de un ejército con otro, o de una armada naval con otra.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
(El énfasis es mío.)

Deduzco de esta noticia que nuestro glorioso*** ejército se enzarza en escaramuzas con cadáveres que ve por ahí sueltos, en vez de

Soldados españoles salen ilesos de una batalla en Afganistán que se salda con seis muertos
(El énfasis es mío.)

¡Qué pena de periodistas, por Dios!

P.

***En la acepción de «Miles gloriosus». (Si no os suena de nada, sabed que no significa glorioso, sino fanfarrón…)

El puente existe, no es un sueño aunque parezca perderse a mitad de altura, entre nubes, niebla y contaminación. Está en la ciudad de Harbin, en China. (Véase Me siento reivindicada)

:) La B12 sigue sentándome de película.

P.

Hemos empezado la semana con una huelga general del transporte, que se suma a la de los pescadores, que empezó la semana pasada.

Esta tarde, por ser la primera de la huelga, los comercios están totalmente abastecidos… Bueno, no del todo: he ido al supermercado a coger un par de cosas y la gente parece andar estresada y con psicosis de que se nos va a terminar todo. El mostrador de hortalizas y verduras tenía pinta de haber soportado una serie de embestidas… Pero como me ha dicho mi marido: «tú has comprado cosas que te apetecían, no que necesitaras». Y excepto un par de cosas, estoy completamente de acuerdo con él.

La que sí estaba cerrada era la pescadería. Imagino que han vaciado existencias y donde no hay, no se puede sacar. Afortunadamente, tengo bastante pescado congelado en casa, igual que carne, verduras, etc.

Todos esos años que he vivido en Estados Unidos y mis psicosis por quedarme incomunicada por la nieve (un par de veces, unas 12 horas), me han desarrollado el sentido del «no compres uno si te puedes llevar dos».

Que nos sea leve a todos, que se solucione pronto favorablemente para los transportistas y que no suban demasiado los precios, que andan ya disparados (un litro de leche es más caro que un litro de gasolina…).

P.

Como últimamente me meto mucho con los periódicos y lo mal escritos que están, tenemos una nueva categoría: «Dislates periodísticos». Ojalá la disfrutéis tanto como yo… :)

P.

Y esto en un título…

P.

Por si queda alguna duda:

Joseph Pevney, director de 14 episodios de la serie de ciencia ficción «Star Trek»

El otro día he hablado de la necesidad de usar correctores que garanticen la calidad del trabajo que hacemos y que nos ayuden a seguir aprendiendo o evolucionando en diferentes temas (¡Qué atrevida es la ignorancia!). Y, naturalmente, se me han venido encima preguntas sobre los correctores, cómo encontrarlos, qué tipo de trabajo encomendarles, etc. Así que hoy vamos a dedicarnos a esta minucia que no lo es. :)

Vaya por delante una apreciación: los correctores son un paso intermedio entre el traductor y el cliente. Los pueden emplear los dos, el traductor y el cliente. Yo sólo voy a hablar de los correctores que emplea el traductor (muchas veces he perdido la paciencia con los que emplea el cliente, que a veces son desastrosos [lo siento si alguno me está leyendo, pero es que me ha tocado cada corrector…]).

Supongamos por un momento que, como dice Olli, «he traducido un texto sobre, por ejemplo, la manufactura de prótesis de rodilla con láser de berilio». He terminado mi traducción y he pasado mi corrector ortográfico. También me lo he leído y lo he corregido a mano. Digamos que ya me he quedado en blanco para seguir corrigiendo.

El primer problema que tengo es el de la temática. Lo de las prótesis de rodilla no debe ser un tema muy común, pero lo bueno que tiene es que hay ortopedias mil en todas las ciudades. Pues llamo a unas cuantas y pido información a ver si tienen las prótesis en cuestión. Cuando encuentre una, me voy a la ortopedia a investigar y me hago con el nombre del fabricante. Y llamo a fábrica y hablo con alguien que me pueda explicar de qué va el tema. Otra opción consiste en llamar a un organismo de los que hay tantos en España. En este caso, llamamos a FEDOP (Federación Española de Ortesistas Protesistas) y que me pongan ellos en el buen camino.

Si os fijáis, la primera corrección conceptual la puedo hacer yo misma. Sólo consiste en ponerse las pilas y clavar los codos para estudiar lo que estoy haciendo.

Una vez terminada esta fase, se lo entrego a un buen traductor / corrector / investigador. Sí, es difícil encontrar uno bueno, pero los acabas viendo en las listas, te lo aseguro. Son personas que terminan por llamarte la atención: escriben bien, no hacen preguntas tontas, saben argumentar sus puntos de vista, tienen una buena cultura, son curiosos… Todo eso se ve en los mensajes, por eso digo que es tan importante escribir bien. Y te pones en contacto con alguien que te merezca todas las garantías y le propones el trabajo. Le indicas exactamente lo que tiene que hacer, los términos que aún tienes muy sueltos, gramática, estilo.

Personalmente siempre digo que corrijan lo que quieran y les señalo las cosas o conceptos que aún me producen dudas. Porque sé que mi correctora me lo va a mirar con lupa (me fío de ella, así de sencillo).

:) Tiempo y dinero: le doy el tiempo que me pide y el dinero que quiere. Y jamás me ha defraudado ni se ha salido por los cerros de Úbeda con la factura.

Ya sé que la forma que tengo de trabajar con los correctores en un poco vaga, pero me funciona y yo aprendo. Espero que os sirva a vosotros también.

P.

Esto lo vi ayer y me lo guardé para colgarlo aquí, donde sabréis apreciar todo su valor. De «Villavicio» hemos pasado a «Villancico». Sé que cuando se lee, suplimos las letras e imaginamos lo que no vemos, como lo que me pasó a mí con «El compromiso Acciona» (Cuando leo mal, leo fatal). Pero una cosa es tener un golpe de vista, y otra ser un periodista citando el nombre propio de una obra. Lo de Villavicio casi me suena a las pinturas libertinas de Pompeya y Herculano. Lo de Villancico pues me recuerda a Raphael, a Chencho cuando se perdió en la Plaza Mayor (véase «La gran familia»… o no)… En fin, lo de Villancico me trae unos recuerdos muy dictatoriales***, qué le vamos a hacer.

Si la otra era ligera y hasta entrañable, la redacción de esta noticia me ha crispado los nervios. ¡Qué mal, por Dios!

Vayamos por partes:

«Apoyó la punta de su pistola sobre el paladar y jaló el gatillo» es una imposibilidad física, así de claro. El paladar se define como la «Parte interior y superior de la boca del animal vertebrado» (Real Academia Española © Todos los derechos reservados), por lo que jamás podrá apoyarse un arma sobre el paladar. La punta de su pistola es simplemente el cañón de la pistola y lo que se dice en estos casos es: «Se metió el cañón de la pistola en la boca y apretó el gatillo». Lo de jalar, pues en España no se usa, ¡qué le vamos a hacer! Lo de «su pistola» me ha hecho gracia. ¡Como si importase de quién es! :)

«Pero el cañón del arma se le salió de la boca y la bala terminó rebanándole la nariz y una ceja»… Si lo anterior era mera imposibilidad física, esto es gore en estado puro. Lo de rebanar es cortar en rebanadas o dividir algo en dos. Habiendo nariz y ceja por medio, imaginamos que el estropicio ha sido grande. ¿Por qué no arreglamos la frase y la ponemos más sencillita? «Pero se le resbaló el arma y la bala le hirió la nariz y una ceja».

Total, del engendro anterior pasamos a esto:

Se metió el cañón de la pistola en la boca y apretó el gatillo, pero se le resbaló el arma y la bala le hirió la nariz y una ceja.

Voy a empezar a cobrarle estos arreglos al periódico, en serio.

P.

***Tenía 13 años cuando murió Franco. Mis mejores Navidades fueron las que se festejaron hasta mis ocho años. Con nueve, perdí a mi abuela materna y ya nada volvió a ser igual.

Hoy voy a ser un poco dura con los traductores, grupo en el que me incluyo. Y es que a diario veo problemas entre mis colegas, que demuestran un grado de ignorancia y cierta temeridad a la hora de enfrentarse a un trabajo. Así que vamos a repetir algunas verdades como puños, básicas y fundamentales, necesarias a la hora de ofrecer una imagen profesional.

1. Hay que demostrar una cierta seriedad en las listas de distribución profesionales. No vale hablar de «tod@s», ni repartir besos a diestro y siniestro mientras se olvida uno del contexto o de buscar en el más básico de los diccionarios. Cuando pedimos ayuda, hay que facilitar que nos la den. Hay que escribir correctamente, con tildes y sin faltas, con una puntuación apropiada… Vamos, hay que demostrar cierto dominio de la lengua propia, aunque sólo sea para que nos tomen en serio. También es aconsejable un sano respeto por las normas de las listas. Un inciso: no hay que olvidar JAMÁS que en esas listas nos leen personas que podrían ofrecernos traducciones.

2. Hay que evitar traducir a idiomas que no sean el materno. Ya, ya, el inglés se te da muy bien, seguro, pero por muy bien que se te dé, jamás sonarás como un nativo. :) Vamos, las preposiciones y los famosos phrasal verbs te dejarán K.O. en cuestión de segundos.

3. Todos tenemos que aprender, ninguno nacemos sabiendo. Así que no es extraño que de vez en cuando tengamos temas entre las manos que no dominamos precisamente. Lo que no podemos hacer es asaltar a alguien con una lista de 100 preguntas. Para salir airosos de nuestra ignorancia y aprender, que es de lo que se trata, debemos hacer dos cosas: a) encontrar un organismo en nuestro país equivalente al que rige lo que vamos a traducir y leer varios documentos para coger un cierto aire al vocabulario; b) buscar un buen corrector que sepa del tema y pagarle por su trabajo.

4. Nada de coger excesivo trabajo. A veces leo declaraciones que me dejan estupefacta sobre la cantidad de palabras que hace la gente: 7.000 palabras de tipo técnico al día. Como se dice en mi tierra (tal cual se dice), ¡Amosanda! Revisa un poco lo que haces. Si es técnico y lo quieres hacer BIEN, no pasarás de las 2.500 palabras diarias, y es una buena cantidad.

5. No hay que tirar piedras contra nuestro propio tejado. Es decir, no podemos rebajar nuestras tarifas como si esto fuera un mercadillo al mejor postor. Sé que hay muchos clientes sin escrúpulos, pero también los hay muy buenos. Así que haz los deberes y empieza a encontrar buenos clientes. Que no te dé miedo pedir; para negociar siempre hay tiempo.

6. Debemos tener un poco de pudor al preguntar en público. No es malo pedir ayuda y yo lo hago cuando lo necesito. Pero una cosa es suplir una carencia terminológica y otra muy diferente demostrarle al mundo entero que no te has molestado en buscar o que no sabes cómo hacerlo. Por ejemplo, utiliza el famoso «define:xxxx» de Google. De esta manera podrás saber el significado de una palabra, o una oscura acepción. Cuando llegue el momento de preguntar, podrás indicar exactamente la expresión que buscas en tu idioma.

7. No podemos entregar nuestras traducciones sin revisarlas. Se nota mucho que no has pasado el corrector ortográfico cuando se te escapa un «als» en vez de un «las». Obviamente hay muchas cosas que el corrector no te señalará (véase De pautas y putas), pero los errores de tecleo que dejan la palabra ininteligible te los subsanará.

Creo que lo dejo ahí de momento. Si se os ocurren más puntos negros que deberíamos evitar todos por el bien de nuestra profesión, no dudéis en escribir, que reabriré el tema cuando sea necesario.

P.

Acaba de cascar mi monitor TFT de 17 pulgadas que tan fielmente me ha servido durante los últimos cinco años. De repente se ha puesto a parpadear (ahora ves, ahora no ves) y eso es todo.

Afortunadamente ayer recibí mi último maquinón. Reconozco que no estoy a la última en teléfonos móviles, ni en cámaras de vídeo o fotos, ni nada de eso, pero los ordenadores me traen por la calle de la amargura: casi siempre estoy a la última en hardware; el software es harina de otro costal y en ese no cambio hasta que los programas están comprobados, son fiables y les han quitado los principales agujeros. Por ejemplo, sigo usando mi Office 2000 con plenas garantías.

Mi nuevo maquinón tiene 4 GB de RAM, un disco duro de 500 GB, un procesador cuádruple… En fin, ya os hacéis a la idea. Y con él también venía una preciosa pantalla TFT NO panorámica de 19 pulgadas. Así que he cambiado las pantallas y sigo con el ordenador viejito, que no pienso echar de su sitio hasta este fin de semana.

P.

Cambié de neurólogo (no me gustaba la anterior) y conseguí una cita para el 14 de mayo en vez de el 30 de octubre. Cuando entro, me pide unos momentos para leer mi historial. Lo primero que pregunta es ¿B12 baja?

Mira las resonancias, hace más pruebas por su cuenta, es simpática pero, sobre todo, me ordena un tratamiento sustitutivo de B12. Esta primera semana tengo que ir a pincharme todos los días. Empecé el viernes por la tarde y ya llevo tres inyecciones.

Aunque me ha advertido que tardaré unos 6 meses en ponerme bien, yo empiezo a sentirme mucho mejor: tengo más energía, me canso menos, ando con mayor estabilidad, se me han regulado varias actividades mecánicas del cuerpo, tengo la piel más bonita… Obviamente, debía estar muy necesitada de B12.

Una cosa que me ha llamado muchísimo la atención es que he vuelto a soñar. De hecho, vi un puente chino envuelto en niebla/contaminación que llevo varias horas buscando para enseñárselo a mi marido y he llegado a la tristísima conclusión de que era un sueño. Sigo buscándolo a ratos y nada, no lo encuentro. (Ni por Google, ni en el historial de mi navegador, ni en ningún lado. Mi puente se ha esfumado en la niebla que lo cortaba.)

Mi buen estado me permite sonreír ante este dislate también oriental. Aquí en España no existen los rescatistas, sino que son los equipos de rescate. Se suele hablar de supervivientes y no sobrevivientes. Lo de remover los escombros me ha dejado lívida: por un momento me he imaginado una gran coctelera (Mover algo, agitándolo o dándole vueltas, generalmente para que sus distintos elementos se mezclen. Real Academia Española © Todos los derechos reservados).

Total, la noticia podía haber sido un poco más elegante:

En Chongqin, dos escuelas primarias se colapsaron. Los equipos de rescate han retirado los escombros para buscar supervivientes.

P.

Leo ayer una queja sobre un buen cliente que ha dejado de serlo: lleva un retraso de un par de meses para pagar las últimas facturas. El autor del mensaje pide ideas para conseguir que le paguen. La empresa está en Estados Unidos y se hace imposible esperar a los responsables a la entrada.

Surgen varias recomendaciones, más o menos suaves, más o menos firmes, y me llama poderosamente la atención la reacción del autor: no quiere denunciar su caso ante el Better Business Bureau o cualquiera de las listas de prácticas de pago porque es un buen cliente y le paga buenas tarifas, aunque no parezcan recibir sus mensajes exigiendo el pago de las facturas atrasadas…

Vamos a repasar algo muy básico: ¿qué es un buen cliente?

Los buenos clientes dependen del traductor y de la agencia o cliente directo. Entre ambos se ponen de acuerdo en una serie de puntos clave.

1. Tarifas
A menudo leo «es un buen cliente, pero las tarifas son bajas»… No, no y no. Las tarifas dependen del traductor, de su capacidad para negociarlas y de sus tragaderas. Me explico: si pido 10 y me ofrecen 6, y lo acepto, las tarifas bajas sólo son achacables a mis ganas de aceptarlas. Cuando se me ofrecen tarifas bajas, siempre me queda un as en la manga con la agencia: decirle que no, muchas gracias. Sé que a los traductores nos da ictericia decir que no, pero a veces es necesario.

2. Pagos
Otra de las marcas de un buen cliente pasa por los plazos de pago. Es importante que se cumplan a rajatabla, de manera que pueda confiar en un dinero fijo para pagar la hipoteca, el plazo del coche, etc. Personalmente doy siempre los 30 días de rigor, pero no me importa admitir 45 días si la máquina de la agencia está engrasada de esa manera. Además del plazo, queda por saber si prefieren una factura por proyecto, o prefieren una única factura mensual… Esto suele ser cuestión de tiempo y comodidad: con los clientes más nuevos, emito facturas por proyecto; con los clientes con los que llevo más tiempo, emito facturas a final de mes o cuando tengo una cantidad medianamente interesante.

3. Trato
Y después de estas dos consideraciones, viene una de las más importantes para mí: ¿son agradables? ¿Los plazos son razonables? ¿El trabajo es interesante? Es importante colaborar con alguien que te resulte amable, te ayude a resolver las dudas y se interese por la calidad de lo que haces.

Para mí estas tres condiciones son sine qua non. Si falta alguna de ellas, para mí se deshace la posibilidad de colaboración, porque las relaciones con nuestros clientes se basan en la mutua confianza. Esto no quita la posibilidad de que algún buen cliente se retrase con los pagos. Eso pasa hasta en las mejores familias. Lo realmente demoledor es que ni siquiera contesten a tu mensaje sobre el retraso.

P.

Desde el miércoles no se ha vuelto a trabajar en la comunidad de Madrid hasta el lunes. Día del Trabajo, Fiesta de la Comunidad, puente… Y de puente a puente porque me lleva la corriente: el día 15, jueves, es San Isidro. El día 14 tengo cita con mi neurólogo. A ver si hay suerte y le puedo convencer de mi teoría de la B12, porque yo me encuentro mejor.

Vivir cerca de la plaza de toros de Las Ventas es un auténtico martirio durante las fiestas de San Isidro. Hasta las 8 de la tarde, aproximadamente, se pegan los foráneos por dejar el coche aparcado en una calle sin parquímetros ni estacionamiento regulado, ni nada de nada. En mi calle sólo hay árboles y, a veces, algún coche en doble fila (no hay muchos porque es una calle estrecha).

El viernes 16 volverá a ser fiesta… Esto me recuerda a las huelgas japonesas, en las que se trabaja más para superar la cuota de productividad y poner a la empresa en un aprieto… Igualito. :)

P.

Ir a un bar se ha convertido en algo muy aburrido desde que tengo acupuntora que se preocupa por mi bienestar. Ya no pido un café con leche, sino un descafeinado de máquina con leche. ¿Y qué decir de la coca-cola? Ahora se ha convertido en una coca-cola a temperatura ambiente. Lo que más me fastidia, no obstante, son las averiguaciones en las que se mete la camarera: «¿Lo quieres con hielo?» Esta pregunta me ha hecho meditar bastante y he llegado a la conclusión de que por Madrid andan sueltos ciertos individuos que gozan con el sabor aguachinado de la coca-cola enfriada a base de hielo…

Pero déjame que te responda: ¡NO! ¡NO quiero hielo!

Ayer leí en una de mis revistas de historia que habían descubierto, por fin, la composición del azul maya (sí, de ese azul que no le faltó a Mel Gibson en «Apocalyto»).

Fin de semana de sorpresa de Renault. Cuando todo el mundo daba la temporada por perdida, va Alonso y se cuela en la primera línea de parrilla… A todos los que desprecian a la marca del rombo, recordarles que los dos primeros campeonatos mundiales de Michael Schumacher le llegaron de la mano de un motor Renault (Williams Renault y Benetton Renault). Vamos, que Renault no es primeriza en estas lides y a saber lo que le han prometido a Alonso, que parece más contento que nunca.

P.

Lo que he leído esta vez en el periódico rebasa ya los límites de la ignorancia más supina:

En cristiano, esta frase quiere decir:

que viene del extranjero, y está en América bastante tiempo y se siente sumamente atraído por su proceso político porque afecta al mundo entero.

Lo tuve que leer TRES veces para caer en la cuenta de lo que quería decir el periodista. No está mal, no.

P.

Hace poco volví a ver la película «Sr. y Sra. Smith». Dista mucho de ser buena, pero estaba entre las que tenía a mano, totalmente sin pretensiones. A veces este tipo de películas nos hace un tremendo favor. En este caso, fue la frase de Vince Vaughn, cuando le piden que liquide a su amigo e indica que no se levanta por menos de…

La idea que debemos adoptar no es la del millón de dólares (o cualquier cifra igualmente desorbitada que nos cita), sino la de las condiciones mínimas que tenemos que haber conseguido antes de sentarnos a hacer un trabajo para cualquier cliente.

Antes de sentarnos frente al ordenador, debemos tener todo esto discutido y pactado:

1. la tarifa
2. el recuento de palabras del trabajo
3. el plazo de entrega
4. el método y el plazo de pago
5. las posibles consultas lingüísticas

Suena tremendamente básico, lo sé. Pero precisamente por ser parte fundamental de nuestro trabajo, debemos tener siempre presentes estas condiciones mínimas sin las que NO conviene trabajar.

Añadiría un último consejo: no aceptes jamás un trabajo el viernes por la tarde para un cliente nuevo. Te lo deletreo: huele a marrón… :)

P.

Volvemos a lo de siempre. Abro el periódico y me encuentro con lo siguiente:

:) Fracciones… ¡A la rica fracción, p’al niño y la niña! ¡Qué burros, por Dios! Eso sí, han estado cerca: sólo les sobró la -r-…

facción.
(Del lat. factĭo, -ōnis).
2. f. Bando, pandilla, parcialidad o partido violentos o desaforados en sus procederes o sus designios.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Creo que, a partir de ahora, voy a celebrar las «cercanías» a las palabras más que los descalabros… Es cuestión de salud mental… La mía, naturalmente.

P.

Ya NO necesito a House, casi con toda seguridad. Lo que tengo no podía ser más sencillo, aunque por edad no me lo hubieran detectado nunca: deficiencia de vitamina B12, eso es todo y ¡ahí es na!

Como me he documentado sobre la B12, os paso unos consejillos:

1. Si estáis operados de intestinos, que os hagan análisis de la B12 de vez en cuando.

2. A partir de los 50, pedid análisis de la B12 de vez en cuando.

3. Si tenéis temblores, falta de estabilidad, etc., antes de que os llamen seniles u os digan que lo vuestro es el Alzheimer, que os hagan un análisis de la B12…

Es así de importante, aunque sólo necesitemos un par de MICROgramos al día. Da gusto estar entre los vivos. :D

P.

Sigo con mis problemas para andar. Sigo sin dolores, sigo viendo a mi acupuntora, sigo comiendo pescado, sigo sin fumar… Pero sigo con mi debilidad «en los miembros inferiores» (jerga médica, por supuesto).

Ayer se me desinfló mi gran esperanza de ponerme bien con cierta rapidez. Fui a ver a una buena quiropráctica que me dijo que mi problema no está en la columna, sino que es neurológico.

A veces sueño con House, y ni siquiera son sueños libidinosos… :(

P.

Sabéis que me interesan las verduras y frutas frescas y naturales y que me quejo de no encontrarlas en Madrid. De eso viene mi afición a mis naranjas, que me llegan de Valencia en plena temporada, sin pasar por cámara (en los comentarios de la entrada Un zumo de naranja recién exprimido, del 17 de diciembre de 2005, tenéis unos cuantos productores que venden por Internet).

No obstante, sigo buscando productores que vendan todo tipo de fruta y verdura, de buena calidad y asequible. Creí que lo había encontrado esta semana pasada, pero andaba muy equivocada.

Se llaman CajaNature y el producto viene de Murcia. Hasta ahí todo espectacular. Miro las fotos y decido encargar dos cajas de 8 kilos cada una de frutas y de verduras (lo que llaman la caja ecológica básica). Son 44 euros y lo dejo todo pedido el lunes. El martes a primeras horas de la tarde llegan las verduras y frutas a mi casa. El aspecto es bastante bueno, aunque vienen frías al tacto…

El jueves a primera hora, en la cocina (que no tiene calefacción), este es el aspecto que presentan:

El color de los plátanos y la podredumbre de las berenjenas, así como lo blandas y medio podridas que estaban las zanahorias, me hacen pensar que mis frutas y verduras han pasado por congelación y que no han durado ni 48 horas. ¿Qué os parece?

Llamo a CajaNature y me hablan de su control de calidad y yo me remito a mis fotos y a las verduras que ya engrosan algún vertedero español. Total, he tirado 44 euros a la basura y ni me han pedido perdón por mi mala experiencia ni se han ofrecido a mandarme un cargamento (siniestro) en condiciones.

Pensé que os lo tenía que contar para que no cayerais en la misma trampa.

P.

Empieza un nuevo año y, como siempre, sufriré una pérdida de memoria pasajera al escribirlo que me lleve de vuelta al 2007, aunque sólo sea por unas semanas.

Afortunadamente, el año pasado ha terminado y, por un momento, me puedo hacer ilusiones de que este año nuevo no será tan traicionero como el pasado… Por lo menos ha cambiado algo. No han sido propósitos, sino cambios introducidos durante diciembre del año 2007: no fumo, no como carne, no bebo café, no tomo líquidos fríos, no ando con hombres malos… :D

Os dejo una imagen que refleja mis sentimientos sobre la vuelta al trabajo…

P.

Vale, vale. No está muy claro lo de los pingüinos, pero ¿no os parece que huyen de algo?

P.

P.D.: es mi mano, sí.

Leo con estupor que los precios de alimentación han subido un 6,3 %… Nos tienen acostumbrados a que los precios suban cuando les dé la gana (de hecho, ya subieron algunos alimentos un 20 % hace un par de meses). Pero lo que suena a rechifla es este titular:

:) Ejem… Al rico conejo… ¡Es TAAAAAAAANNNNNNN tradicional!

P.

Andamos todos pensando que somos Superman o Wonder Woman, y quiero comentaros lo que me ha sucedido para que no os pille el toro por sorpresa…

Desde mayo empecé a tener problemas con la pierna derecha que se agravaron con el estrés por la muerte de mi tía Mariluz. Desde junio, soy una mujer que ha perdido el norte… Y el sur y todos los puntos cardinales. Tengo problemas de coordinación y equilibrio totalmente achacables al estrés (a menos que el neurólogo, al que por fin veré en enero, me diga lo contrario). Lo llaman distonía neurovegetativa y no duele, sólo te hace parecer una beoda perenne.

Estoy viendo a una acupuntora, china como las famosas naranjas, que lleva tratándome tres semanas. Voy mejor, afortunadamente. Según ella, tengo el meridiano del bazo hecho polvo (no preguntéis, no tengo ni idea de lo que quiere decir eso).

Lo primero que hizo fue tomarme 29 pulsos y, a partir de ahí, empezó a trabajar con las agujas. Confieso que durante un par de horas, tres veces a la semana, estoy totalmente relajada, aunque parezca un puercoespín.

Gracias a estos momentos «bajos», he aprendido la importancia que tiene la tranquilidad. ¡No lo olvidéis vosotros!

P.

Se termina noviembre, que nos deja el tema tan manido de las tarifas. Esta vez no tiene que ver con cantidades o reventones de mercado, sino con algo básico y fundamental: quién establece las tarifas.

Ando harta de escuchar que tal o cual agencia son mejores o peores clientes por las tarifas que ofrecen. Y este tipo de charla no es mala, pero choca frontalmente con la mentalidad que debería tener un traductor: somos empresas y nadie nos debe dictar los precios; los ponemos nosotros.

Ninguno de nosotros va al mercado y le ofrece un precio al pescadero**, ¿verdad? «Ese atún, ese lomito de atún tan bonito me lo llevo por 9 euros el kilo, ¿hace?». Si se lo hiciera a mi pescadero, que lo vende por 12 euros el kilo, creo que resonarían sus carcajadas por todo el barrio.

Así que esta es la primera lección para todos los traductores, nuevos y profanos: tenemos que empezar a adoptar una mentalidad corporativista. Nosotros fijamos las tarifas, no la agencia de turno.

P.

**Por consejo de mi acupuntora, me he despedido de la carne hace unos 10 días. Ahora tomo pescado exclusivamente. :)