El otro día he hablado de la necesidad de usar correctores que garanticen la calidad del trabajo que hacemos y que nos ayuden a seguir aprendiendo o evolucionando en diferentes temas (¡Qué atrevida es la ignorancia!). Y, naturalmente, se me han venido encima preguntas sobre los correctores, cómo encontrarlos, qué tipo de trabajo encomendarles, etc. Así que hoy vamos a dedicarnos a esta minucia que no lo es. :)
Vaya por delante una apreciación: los correctores son un paso intermedio entre el traductor y el cliente. Los pueden emplear los dos, el traductor y el cliente. Yo sólo voy a hablar de los correctores que emplea el traductor (muchas veces he perdido la paciencia con los que emplea el cliente, que a veces son desastrosos [lo siento si alguno me está leyendo, pero es que me ha tocado cada corrector…]).
Supongamos por un momento que, como dice Olli, «he traducido un texto sobre, por ejemplo, la manufactura de prótesis de rodilla con láser de berilio». He terminado mi traducción y he pasado mi corrector ortográfico. También me lo he leído y lo he corregido a mano. Digamos que ya me he quedado en blanco para seguir corrigiendo.
El primer problema que tengo es el de la temática. Lo de las prótesis de rodilla no debe ser un tema muy común, pero lo bueno que tiene es que hay ortopedias mil en todas las ciudades. Pues llamo a unas cuantas y pido información a ver si tienen las prótesis en cuestión. Cuando encuentre una, me voy a la ortopedia a investigar y me hago con el nombre del fabricante. Y llamo a fábrica y hablo con alguien que me pueda explicar de qué va el tema. Otra opción consiste en llamar a un organismo de los que hay tantos en España. En este caso, llamamos a FEDOP (Federación Española de Ortesistas Protesistas) y que me pongan ellos en el buen camino.
Si os fijáis, la primera corrección conceptual la puedo hacer yo misma. Sólo consiste en ponerse las pilas y clavar los codos para estudiar lo que estoy haciendo.
Una vez terminada esta fase, se lo entrego a un buen traductor / corrector / investigador. Sí, es difícil encontrar uno bueno, pero los acabas viendo en las listas, te lo aseguro. Son personas que terminan por llamarte la atención: escriben bien, no hacen preguntas tontas, saben argumentar sus puntos de vista, tienen una buena cultura, son curiosos… Todo eso se ve en los mensajes, por eso digo que es tan importante escribir bien. Y te pones en contacto con alguien que te merezca todas las garantías y le propones el trabajo. Le indicas exactamente lo que tiene que hacer, los términos que aún tienes muy sueltos, gramática, estilo.
Personalmente siempre digo que corrijan lo que quieran y les señalo las cosas o conceptos que aún me producen dudas. Porque sé que mi correctora me lo va a mirar con lupa (me fío de ella, así de sencillo).
:) Tiempo y dinero: le doy el tiempo que me pide y el dinero que quiere. Y jamás me ha defraudado ni se ha salido por los cerros de Úbeda con la factura.
Ya sé que la forma que tengo de trabajar con los correctores en un poco vaga, pero me funciona y yo aprendo. Espero que os sirva a vosotros también.
P.