Soy mujer y me molesta profundamente el uso y abuso de nuestro idioma para caracterizar un objeto o tema de manera genérica, cuando el objeto o el tema no son de fácil catalogación.
Ayer escucho en la tele, varias veces, violencia machista en referencia a la muerte de una mujer a manos de su pareja.
En la España de las grandes libertades, donde se permite el matrimonio homosexual, me resulta insultante el uso tan excluyente de la violencia que se da en el marco de una pareja. Tal y como lo dicen, con ese machismo que suena a escupitajo, parece como si el hombre fuera el único capaz de ejercer fuerza bruta, cuando en realidad el término violencia doméstica caracteriza muchísimo mejor el ámbito donde se da este tipo de violencia, y no excluye ninguna de las posibles combinaciones: hombre sobre hombre, mujer sobre mujer, hombre sobre mujer y mujer sobre hombre. Esas son todas las combinaciones posibles según nuestras leyes.
Si se sigue hablando de violencia machista, tendremos que incluir en el grupo a la gran mayoría de los asesinos más asexuados de todos: los asesinos en serie, más que nada porque suelen dedicarse a las mujeres y suelen ser hombres…
En todo esto, en realidad, tengo una teoría, como siempre. Estamos pasando de un movimiento de péndulo del extremo X al extremo Y. De una actitud desdeñosa hacia las mujeres, hemos pasado al extremo opuesto. De ahí que surjan cosas como «miembra», que me parece ridículo de todo punto. Estamos pasando de una época centrada en los hombres a una época centrada en las mujeres. Y los excesos jamás son buenos. De ahí que ser feminista, actualmente, no pase por lograr la total equiparación laboral/social de hombres y mujeres, que sería el verdadero feminismo.
No obstante, como somos mejores que nadie (donde dije mejores, quise decir «mejoras»), sale esto en un periódico:
¿No os he dicho nunca que tengo muchas ganas de ver a un hombre embarazado? ¡Ah! ¿Que no pueden? Pues va a ser que con la ley del aborto se refieren a la salud sexual y reproductiva exclusivamente de las mujeres…
Y por última vez: las personas no tenemos género; tenemos sexo.
P.