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Viendo que algo andaba mal (su dirección), nuestra amiga volvió a escribirme. Hoy. Varias veces.

Tome nota de que mi dirección correcta es adriana_lesova@hotmail.com

:) Cuidadito todo el mundo.

P.

P.D.: otra dirección de esta chica: adriana_lesova@macroconsulting.com

Recibo esta mañana un mensaje que dice lo siguiente:

Me pongo en contacto con su empresa porque llevo casi cinco años trabajando como autónoma y me gustaría ofrecer mis servicios a otras agencias de traducción.

Traduzco del francés al inglés y también ofrezco servicios de edición y corrección.

¿Pide que sus traductores completen un formulario? ¿Pide pruebas o muestras de traducción? ¿Qué baremo de tarifas suele barajar?

Algunos colegas míos también quieren ofrecerle sus servicios. ¿Qué otros idiomas necesita?

Dígame si quiere que le envíe mi currículo.

Gracias por su interés.

Un cordial saludo,

Adriana Lesova
Traductora FR-EN
Montreal, Quebec, Canadá
E-mail adriana_lesova@videotron.ca

Estoy acostumbrada a recibir este tipo de mensajes, pidiendo trabajo (no sé en qué mierda de directorio de agencias me han metido), así que le he contestado lo siguiente:

Por favor, visite mi sitio web, justo donde dice: «Traduzco exclusivamente al español, mi lengua materna». Eso quiere decir que no subcontrato.

Mucha suerte,

P.
———————–
Pilar T. Bayle
Traductora EN-ES Translator

Mi sorpresa ha sido recibir el siguiente mensaje acto seguido de mi servidor:

This is the mail system at host hl20.dinaserver.com.

I’m sorry to have to inform you that your message could not be delivered to one or more recipients. It’s attached below.

For further assistance, please send mail to postmaster.

If you do so, please include this problem report. You can delete your own text from the attached returned message.

The mail system

: host mx.videotron.ca[24.201.245.37] said: 550 5.1.1 unknown or illegal alias: adriana_lesova@videotron.ca (in reply to RCPT TO command)

Claro, ya me he rascado la cabeza y me he ido a Google. La tal «adriana» manda virus, así que cuidadito.

P.

El otro día he hablado de la necesidad de usar correctores que garanticen la calidad del trabajo que hacemos y que nos ayuden a seguir aprendiendo o evolucionando en diferentes temas (¡Qué atrevida es la ignorancia!). Y, naturalmente, se me han venido encima preguntas sobre los correctores, cómo encontrarlos, qué tipo de trabajo encomendarles, etc. Así que hoy vamos a dedicarnos a esta minucia que no lo es. :)

Vaya por delante una apreciación: los correctores son un paso intermedio entre el traductor y el cliente. Los pueden emplear los dos, el traductor y el cliente. Yo sólo voy a hablar de los correctores que emplea el traductor (muchas veces he perdido la paciencia con los que emplea el cliente, que a veces son desastrosos [lo siento si alguno me está leyendo, pero es que me ha tocado cada corrector…]).

Supongamos por un momento que, como dice Olli, «he traducido un texto sobre, por ejemplo, la manufactura de prótesis de rodilla con láser de berilio». He terminado mi traducción y he pasado mi corrector ortográfico. También me lo he leído y lo he corregido a mano. Digamos que ya me he quedado en blanco para seguir corrigiendo.

El primer problema que tengo es el de la temática. Lo de las prótesis de rodilla no debe ser un tema muy común, pero lo bueno que tiene es que hay ortopedias mil en todas las ciudades. Pues llamo a unas cuantas y pido información a ver si tienen las prótesis en cuestión. Cuando encuentre una, me voy a la ortopedia a investigar y me hago con el nombre del fabricante. Y llamo a fábrica y hablo con alguien que me pueda explicar de qué va el tema. Otra opción consiste en llamar a un organismo de los que hay tantos en España. En este caso, llamamos a FEDOP (Federación Española de Ortesistas Protesistas) y que me pongan ellos en el buen camino.

Si os fijáis, la primera corrección conceptual la puedo hacer yo misma. Sólo consiste en ponerse las pilas y clavar los codos para estudiar lo que estoy haciendo.

Una vez terminada esta fase, se lo entrego a un buen traductor / corrector / investigador. Sí, es difícil encontrar uno bueno, pero los acabas viendo en las listas, te lo aseguro. Son personas que terminan por llamarte la atención: escriben bien, no hacen preguntas tontas, saben argumentar sus puntos de vista, tienen una buena cultura, son curiosos… Todo eso se ve en los mensajes, por eso digo que es tan importante escribir bien. Y te pones en contacto con alguien que te merezca todas las garantías y le propones el trabajo. Le indicas exactamente lo que tiene que hacer, los términos que aún tienes muy sueltos, gramática, estilo.

Personalmente siempre digo que corrijan lo que quieran y les señalo las cosas o conceptos que aún me producen dudas. Porque sé que mi correctora me lo va a mirar con lupa (me fío de ella, así de sencillo).

:) Tiempo y dinero: le doy el tiempo que me pide y el dinero que quiere. Y jamás me ha defraudado ni se ha salido por los cerros de Úbeda con la factura.

Ya sé que la forma que tengo de trabajar con los correctores en un poco vaga, pero me funciona y yo aprendo. Espero que os sirva a vosotros también.

P.

Hoy voy a ser un poco dura con los traductores, grupo en el que me incluyo. Y es que a diario veo problemas entre mis colegas, que demuestran un grado de ignorancia y cierta temeridad a la hora de enfrentarse a un trabajo. Así que vamos a repetir algunas verdades como puños, básicas y fundamentales, necesarias a la hora de ofrecer una imagen profesional.

1. Hay que demostrar una cierta seriedad en las listas de distribución profesionales. No vale hablar de «tod@s», ni repartir besos a diestro y siniestro mientras se olvida uno del contexto o de buscar en el más básico de los diccionarios. Cuando pedimos ayuda, hay que facilitar que nos la den. Hay que escribir correctamente, con tildes y sin faltas, con una puntuación apropiada… Vamos, hay que demostrar cierto dominio de la lengua propia, aunque sólo sea para que nos tomen en serio. También es aconsejable un sano respeto por las normas de las listas. Un inciso: no hay que olvidar JAMÁS que en esas listas nos leen personas que podrían ofrecernos traducciones.

2. Hay que evitar traducir a idiomas que no sean el materno. Ya, ya, el inglés se te da muy bien, seguro, pero por muy bien que se te dé, jamás sonarás como un nativo. :) Vamos, las preposiciones y los famosos phrasal verbs te dejarán K.O. en cuestión de segundos.

3. Todos tenemos que aprender, ninguno nacemos sabiendo. Así que no es extraño que de vez en cuando tengamos temas entre las manos que no dominamos precisamente. Lo que no podemos hacer es asaltar a alguien con una lista de 100 preguntas. Para salir airosos de nuestra ignorancia y aprender, que es de lo que se trata, debemos hacer dos cosas: a) encontrar un organismo en nuestro país equivalente al que rige lo que vamos a traducir y leer varios documentos para coger un cierto aire al vocabulario; b) buscar un buen corrector que sepa del tema y pagarle por su trabajo.

4. Nada de coger excesivo trabajo. A veces leo declaraciones que me dejan estupefacta sobre la cantidad de palabras que hace la gente: 7.000 palabras de tipo técnico al día. Como se dice en mi tierra (tal cual se dice), ¡Amosanda! Revisa un poco lo que haces. Si es técnico y lo quieres hacer BIEN, no pasarás de las 2.500 palabras diarias, y es una buena cantidad.

5. No hay que tirar piedras contra nuestro propio tejado. Es decir, no podemos rebajar nuestras tarifas como si esto fuera un mercadillo al mejor postor. Sé que hay muchos clientes sin escrúpulos, pero también los hay muy buenos. Así que haz los deberes y empieza a encontrar buenos clientes. Que no te dé miedo pedir; para negociar siempre hay tiempo.

6. Debemos tener un poco de pudor al preguntar en público. No es malo pedir ayuda y yo lo hago cuando lo necesito. Pero una cosa es suplir una carencia terminológica y otra muy diferente demostrarle al mundo entero que no te has molestado en buscar o que no sabes cómo hacerlo. Por ejemplo, utiliza el famoso «define:xxxx» de Google. De esta manera podrás saber el significado de una palabra, o una oscura acepción. Cuando llegue el momento de preguntar, podrás indicar exactamente la expresión que buscas en tu idioma.

7. No podemos entregar nuestras traducciones sin revisarlas. Se nota mucho que no has pasado el corrector ortográfico cuando se te escapa un «als» en vez de un «las». Obviamente hay muchas cosas que el corrector no te señalará (véase De pautas y putas), pero los errores de tecleo que dejan la palabra ininteligible te los subsanará.

Creo que lo dejo ahí de momento. Si se os ocurren más puntos negros que deberíamos evitar todos por el bien de nuestra profesión, no dudéis en escribir, que reabriré el tema cuando sea necesario.

P.

Leo ayer una queja sobre un buen cliente que ha dejado de serlo: lleva un retraso de un par de meses para pagar las últimas facturas. El autor del mensaje pide ideas para conseguir que le paguen. La empresa está en Estados Unidos y se hace imposible esperar a los responsables a la entrada.

Surgen varias recomendaciones, más o menos suaves, más o menos firmes, y me llama poderosamente la atención la reacción del autor: no quiere denunciar su caso ante el Better Business Bureau o cualquiera de las listas de prácticas de pago porque es un buen cliente y le paga buenas tarifas, aunque no parezcan recibir sus mensajes exigiendo el pago de las facturas atrasadas…

Vamos a repasar algo muy básico: ¿qué es un buen cliente?

Los buenos clientes dependen del traductor y de la agencia o cliente directo. Entre ambos se ponen de acuerdo en una serie de puntos clave.

1. Tarifas
A menudo leo «es un buen cliente, pero las tarifas son bajas»… No, no y no. Las tarifas dependen del traductor, de su capacidad para negociarlas y de sus tragaderas. Me explico: si pido 10 y me ofrecen 6, y lo acepto, las tarifas bajas sólo son achacables a mis ganas de aceptarlas. Cuando se me ofrecen tarifas bajas, siempre me queda un as en la manga con la agencia: decirle que no, muchas gracias. Sé que a los traductores nos da ictericia decir que no, pero a veces es necesario.

2. Pagos
Otra de las marcas de un buen cliente pasa por los plazos de pago. Es importante que se cumplan a rajatabla, de manera que pueda confiar en un dinero fijo para pagar la hipoteca, el plazo del coche, etc. Personalmente doy siempre los 30 días de rigor, pero no me importa admitir 45 días si la máquina de la agencia está engrasada de esa manera. Además del plazo, queda por saber si prefieren una factura por proyecto, o prefieren una única factura mensual… Esto suele ser cuestión de tiempo y comodidad: con los clientes más nuevos, emito facturas por proyecto; con los clientes con los que llevo más tiempo, emito facturas a final de mes o cuando tengo una cantidad medianamente interesante.

3. Trato
Y después de estas dos consideraciones, viene una de las más importantes para mí: ¿son agradables? ¿Los plazos son razonables? ¿El trabajo es interesante? Es importante colaborar con alguien que te resulte amable, te ayude a resolver las dudas y se interese por la calidad de lo que haces.

Para mí estas tres condiciones son sine qua non. Si falta alguna de ellas, para mí se deshace la posibilidad de colaboración, porque las relaciones con nuestros clientes se basan en la mutua confianza. Esto no quita la posibilidad de que algún buen cliente se retrase con los pagos. Eso pasa hasta en las mejores familias. Lo realmente demoledor es que ni siquiera contesten a tu mensaje sobre el retraso.

P.

Hace poco volví a ver la película «Sr. y Sra. Smith». Dista mucho de ser buena, pero estaba entre las que tenía a mano, totalmente sin pretensiones. A veces este tipo de películas nos hace un tremendo favor. En este caso, fue la frase de Vince Vaughn, cuando le piden que liquide a su amigo e indica que no se levanta por menos de…

La idea que debemos adoptar no es la del millón de dólares (o cualquier cifra igualmente desorbitada que nos cita), sino la de las condiciones mínimas que tenemos que haber conseguido antes de sentarnos a hacer un trabajo para cualquier cliente.

Antes de sentarnos frente al ordenador, debemos tener todo esto discutido y pactado:

1. la tarifa
2. el recuento de palabras del trabajo
3. el plazo de entrega
4. el método y el plazo de pago
5. las posibles consultas lingüísticas

Suena tremendamente básico, lo sé. Pero precisamente por ser parte fundamental de nuestro trabajo, debemos tener siempre presentes estas condiciones mínimas sin las que NO conviene trabajar.

Añadiría un último consejo: no aceptes jamás un trabajo el viernes por la tarde para un cliente nuevo. Te lo deletreo: huele a marrón… :)

P.

Se termina noviembre, que nos deja el tema tan manido de las tarifas. Esta vez no tiene que ver con cantidades o reventones de mercado, sino con algo básico y fundamental: quién establece las tarifas.

Ando harta de escuchar que tal o cual agencia son mejores o peores clientes por las tarifas que ofrecen. Y este tipo de charla no es mala, pero choca frontalmente con la mentalidad que debería tener un traductor: somos empresas y nadie nos debe dictar los precios; los ponemos nosotros.

Ninguno de nosotros va al mercado y le ofrece un precio al pescadero**, ¿verdad? «Ese atún, ese lomito de atún tan bonito me lo llevo por 9 euros el kilo, ¿hace?». Si se lo hiciera a mi pescadero, que lo vende por 12 euros el kilo, creo que resonarían sus carcajadas por todo el barrio.

Así que esta es la primera lección para todos los traductores, nuevos y profanos: tenemos que empezar a adoptar una mentalidad corporativista. Nosotros fijamos las tarifas, no la agencia de turno.

P.

**Por consejo de mi acupuntora, me he despedido de la carne hace unos 10 días. Ahora tomo pescado exclusivamente. :)

Sigo con mi ojo crítico a la hora de leer el periódico. Lo de esta mañana ha sido colosal:


Venga, va, una de diccionario:

infringir.
(Del lat. infringere).
1. tr. Quebrantar leyes, órdenes, etc.

infligir.
(Del lat. infligere, herir, golpear).
1. tr. Causar daño.
2. tr. Imponer un castigo.

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Así que eso de infringir una derrota, es como si rompiéramos las leyes del Marqués de Queensberry o algo así. INFLIGIR una derrota… Pienso que este error se debe a que mucha gente intercala una N en infligir, que pasa a ser «inflingir», verbo inexistente. El mismo diccionario te reenvía a infringir, en vez de advertirte que hay DOS verbos similares:


El segundo gazapo no es tal, sino una mala traducción y una evidente carencia de cultura. Anoche recalé en un documental sobre las obras de ingeniería romanas. Termas, acueductos… ¿Carreteras?!!! Por obra y gracia de una mala traducción, las calzadas romanas se me convirtieron en carreteras (Roman roads). Tanto dinero como se desperdicia en televisión y no podían tener un especialista que corrigiera los errores de bulto…

¡En fin!

P.

*La expresión para error es gazapo, pero el tamaño de los que he detectado los convierte en conejos adultos… :D

Comienza la época de licitaciones por las traducciones de la UE. Como si de un gigantesco pastel se tratara, todas las moscas (agencias) revolotean en torno a la Comisión y tiran de bases de datos para encontrar miles de traductores que los ayuden a ganar la licitación.

Las exigencias son múltiples: CV en formato europeo, carta de licitación, copia de títulos…

Empecemos por el CV, la mayor castaña del mundo mundial. El CV en sí está bien organizado y muy clarito, si no fuera por las 12 páginas de instrucciones que te remiten a páginas web con más instrucciones… Total, yo que siempre he tenido el CV muy bien organizado (aprendí en EE. UU., donde los CV académicos son punto y aparte), tardé solo 3 horas en hacerme el currículo europeo, pero no descarto que se puedan tardar más. :) Lo bueno que tiene, es que te lo puedes guardar tranquilamente y utilizarlo hasta para pedir trabajo en agencias extranjeras.

Lo de mandar copia de los títulos me parece harina de otro costal. Con toda la picaresca que hay en el mundo, decidí proteger un poco mis documentos y hacerlos medianamente inservibles para usos espurios (prevención que puede desaparecer si se abren con programas diferentes, eso sí).

Trabajando con Adobe Acrobat (ojo, el programa completo), puse limitaciones de seguridad al documento: prohibida toda extracción o manipulación, impresión a baja resolución. Eso se hace con el menú Documento>Seguridad.

Y para que mis intenciones queden patentes, añadí una marca de agua que «emborrona» la nitidez de mis copias (Documento>Agregar marca de agua y fondo). Ahí tenéis un ejemplo:


P.

Hacía tiempo que no escribía y no por falta de ganas, no, sino por exceso de trabajo. Terminé ayer y he dormido como un bebé. Antes de entrar en mi nuevo proyecto, tengo algo aquí a lo que le llevo dando vueltas unas semanas.


Literalmente dice lo siguiente:

También, confirmamos nuestra compatibilidad con la tarifa por sus servicios. En nuestra experiencia, muchos autónomos tienen unas expectativas poco realistas en cuanto a su compensación, influidos muchas veces por clientes extranjeros que tienen escaso conocimiento del mercado y que pagan tarifas excesivas.

Del artículo «Doing Business in Argentina» de Teddy Bengtsson, página 15 de Guide to South America 2007.

¡Cómo se nota que los intermediarios quieren mayor tajada! No permitáis NINGUNO que os dicten cómo trabajar y qué cobrar. ¡Es indignante!

P.


Como ya llevo un par de semanas viéndolo, creo que tanta perversión lingüística junta ha colmado el vaso de mi impaciencia.

Que disfrutéis, ¡hale!

P.

Hoy vamos a aprender una nueva palabra: pírrico. Dice el diccionario:

(Del gr. Pirro, rey de Epiro).

1. adj. Dicho de un triunfo o de una victoria: Obtenidos con más daño del vencedor que del vencido.

2. adj. Conseguido con mucho trabajo o por un margen muy pequeño. Triunfo pírrico del Partido Conservador.

3. adj. De poco valor o insuficiente, especialmente en proporción al esfuerzo realizado. Recibieron una cantidad pírrica por su trabajo.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados

¿Que por qué pienso que esta palabra es necesaria? Porque he visto un episodio de Boston Legal en el que hablaban de una «victoria empírica». Pensando que era un error de traducción, me pasé al audio en inglés, donde hablaban con toda tranquilidad de una «empirical victory»… La victoria era pírrica porque aunque la persona no era absuelta, ni siquiera pasaba por la cárcel.

Cero pelota a los guionistas por desconocimiento del idioma y cero pelota a los traductores que se limitaron a traducir sin notar la falta de lógica.

P.

La televisión que se hace en España actualmente no me gusta. Los programas me parecen aburridos, zafios, poco inteligentes y carentes de todo atractivo. Eso quiere decir que no veo nada de televisión, ni las noticias siquiera.

Pero las series estadounidenses pasan sin tregua por mi pantalla. Suelo verlas en inglés y español. Cuando las veo sola prefiero el inglés, pero cuando estoy con mi marido se ven en español. Y eso me hace ser una gran detectora de gazapos de traducción.

Hoy estaba viendo un episodio de Boston Legal y de repente he escuchado algo que chirriaba:

Nosotros ya bajamos por esa cuesta…

Es la traducción con la que han intentado transmitir «We already went down that road/path».

¿No les habría resultado más bonito decir «Ya tomamos ese camino» o «Ya fuimos por ese camino»?

Sé que el doblaje es difícil, pero es lo de siempre: desconocimiento de la lengua hablada.

P.

En Hardware y software I hablé, principalmente, de que no me parecía vergonzante que pidiéramos ayuda para temas de hardware de nuestro ordenador. También dije que el software era harina de otro costal y a eso voy a dedicar esta entrada.

Hoy voy a hablar de un programita muy tonto, que nos puede ahorrar sinsabores. Vaya por delante que uso Outlook 2000 para el correo electrónico (muy malo, ya lo sé).

Casi todos nosotros trabajamos con el correo electrónico. En general, se han terminado los años de los originales y los faxes (gracias a Dios, porque solían tener muy mala calidad), pero también se han terminado los tiempos de relativa calma en el mundo postal electrónico. Actualmente, el 90% del correo que se mueve tiene fines espurios: transmisión de virus, spam, fraudes, novias por catálogo, venta de pastillas… Y no sigo porque os aburro.

Además de los filtros que tienen mis dos servicios de alojamiento (tengo dos cuentas de pago, la del dominio y otra en un servidor de confianza), he interpuesto un programa que actúa de filtro.

Lo que hace el programa es conectarse al servidor, mirar el correo y bajarse parte del mensaje. Nada se descarga al ordenador, solo es un «visor» para ver lo que se acumula en el servidor de correo. Como el servidor de las cuentas de mi dominio tiene unos filtros un poco malos, se cuelan mensajes inútiles cada dos por tres. Y desde mi visor, selecciono los mensajes de spam, los meto en una lista negra, proceso los mensaje y descargo a mi ordenador SOLO los mensajes que tienen razón de ser.

El programa se llama MailWasher y lo podéis encontrar en http://www.firetrust.com/. La versión de prueba dura 30 días y no, no llevo comisión, solo lo encuentro muy útil.

P.

Después del encontronazo que tuve el año pasado con una empresa española a la que escribí para advertirles de la terrible versión inglesa que tenían de su web (Cuecen habas, Cosas veredes y SPAM Is a Four-Letter Word), ayer ha sucedido algo que me ha hecho recuperar la fe en el género humano.

Vi el nombre de una agencia francesa que me gustó y decidí hacerles una visita a la web. La versión inglesa era magnífica, pero la española tenía algunos errores de bulto, un poco tontos.

Les escribí indicándoselos y, ¡albricias!, me respondieron con un correo encantador, en español impecable, dándome las gracias e indicándome que ya habían introducido algunos de mis cambios, que el resto tendrían que esperar al webmaster. En el mismo mensaje tuvieron a bien preguntar mis tarifas, interesarse por el diseño de mi sitio web y comentar algunas cosas del blog.

Decididamente, parafraseando a Harry el Sucio, «¡Me habéis alegrado el día!»

P.

Los traductores que se estrenan en esta profesión deben verlo muy negro. Leo por todas partes comentarios del estilo de «estoy empezando, tengo poca experiencia, cometo errores, no puedo cobrar lo mismo que un profesional». Yo soy de la opinión de que un traductor nuevo puede cobrar lo mismo que uno con experiencia. Pero hay que tener la profesionalidad necesaria para contratar, de tu propio bolsillo, a un revisor que se encargue de enseñarte y corregirte. De esta manera, el cliente ve tu producto terminado y, siendo de buena calidad, estará dispuesto a seguir enviándote más proyectos.

Pule tu currículo, contrata una cuenta de correo de pago (nada de yahoo ni hotmail, por favor), apúntate a las muchas listas de prácticas de pago que hay en la red y utilízalas para buscar nuevos clientes, visita sus páginas web, rellena los formularios que tienen, haz pruebas si es necesario (pero nada de un capítulo; 300 o 400 palabras bien elegidas dan una idea buena de la capacidad del traductor), haz seguimiento. Si te pones en contacto con una agencia directamente, no se te ocurra adjuntar el currículo sin más, porque en muchos lugares borran automáticamente los mensajes no solicitados con documentos adjuntos; pega el contenido de tu currículo debajo del mensaje. Invierte un poco en tu presentación: adquiere un dominio, prepara tu página web, escribe un blog. Un pequeño consejo: intenta que tu página sea sobria y se descargue rápidamente a cualquier velocidad. Yo soy de las impacientes, y tengo una ADSL… En resumen, aprende a venderte de manera profesional. Y en ese paquete, incluye unas tarifas profesionales a juego.

P.

Veo a traductores que, como si de las rebajas se tratara, prometen descuentos en cuanto la cifra del proyecto supera las 15.000 o 20.000 palabras. Nunca le he visto la lógica a este descuento y voy a intentar explicar por qué.

Suponiendo que traduzcas 3.000 palabras diarias, tardarás 15 días en hacer 45.000 palabras. A menos que la mitad del texto sea repeticiones, que ya se encarga el cliente o la agencia de recortarlo.

Nuestra productividad no se incrementa tras hacer 3.000 palabras. Sigue al mismo ritmo de siempre porque el idioma es un ser vivo y el contexto lo es todo. Aunque trabajes con memorias de traducción, sigues teniéndote que leer cada coma para ver que lo que has escrito tiene sentido. Y sigues teniendo que teclear tus 3.000 palabras.

Personalmente, prefiero los proyectos cortos, de un par de días o tres de duración. ¿Por qué? Son tan cortos que me obligan a mantenerme concentrada. Pero sobre todo, suelo aprender muchísimo. Y lo más importante: nunca llego a aburrirme de ellos.

P.

Además de los riesgos informáticos de nuestra profesión (como la pérdida del ordenador, la pérdida de los datos, etc.), existen riesgos físicos inherentes a nuestro trabajo.

Hasta ahora pensaba que los riesgos se limitaban a los problemas de huesos, específicamente al síndrome del túnel carpiano y a los dolores de espalda. Y hasta ahora, me he librado de esos (toco madera).

Pero acabo de descubrir uno nuevo. Ya sé que los ojos sufren con el ordenador y es inevitable tener presbicia a partir de los 40. Me resigné a tener gafas para leer cuando llegué a un punto que mis brazos no daban de sí para alejarme la lectura de la cara.

Pero que unos ojos totalmente sanos y solo con un toque ligerísimo de astigmatismo empiecen a miopizarse a los 45, es la gota que colma el vaso.

Esta semana he estrenado gafas de lejos porque mi mundo, de repente, dejó de tener nitidez a partir de los 5 metros. El otro día fui al aeropuerto a buscar a una amiga que hacía escala en Madrid. Y no era capaz ni de ver los letreros que cuelgan del techo. Todo resultaba borroso y tenía destellos.

Al día siguiente me fui a una óptica donde me graduaron la vista y me dieron la noticia de que, a los 45, mis ojos están aprendiendo a ser miopes.

Cuando fui a recoger las gafas esta tarde y me las puse, casi me caí redonda al suelo de lo brillantes que eran los colores otra vez. :)

P.

P.D.: no dejo de pensar que tengo parte de culpa por haberme encerrado en un mundo de un par de metros y no darles cancha a los músculos de mis ojos.

P.D.: me recuperé de la miopía de los ojos, que parece ser que no es tan normal de repente. En mi caso, el déficit de B12 me afectó al nervio óptico. Así que de riesgo laboral, nada. Solo riesgo de tener un cuerpo que se rinde cada dos por tres…

El otro día he leído una afirmación en una de las listas de distribución que me ha dejado pasmada y que equiparaba la acción de abrir un ordenador y tocarlo para ampliarlo con la acción de abrir un bolígrafo cuando éramos niños. Yo no sé qué bolígrafos utilizaba mi colega, pero los míos se llamaban Bic e iban a la papelera en cuanto se terminaban.

No es difícil abrir un ordenador, pero al principio necesitas ayuda porque un ordenador es básicamente una caja, con una placa donde todo va pinchado. Y todo hay que pincharlo de una determinada manera… Aquí tenéis una placa ASUS (mis favoritas por su diseño). Miradla bien; ahí están todas las ranuras que hay que llenar con procesadores, tarjetas gráficas, RAM, sonido… con todo. Ahí se conectan hasta los ventiladores adicionales que le queramos poner a la torre.


Os he dicho que las placas ASUS son mis favoritas por su diseño, pero obviamente ya he visto unas cuantas placas y sé como funcionan.

Así que no me parece vergonzoso que alguien lleve el ordenador a un servicio técnico para que cambien piezas, amplíen memoria, etc. Si tienes un amigo al que le guste hacer estas cosas, adelante, pídele que te avise cuando vaya a hacer algo. Así aprenderás las nociones básicas que se necesitan para hacer mantenimiento de hardware.

Pero… Pero el software es harina de otro costal. Como traductores que trabajamos con software a diario tenemos que saber cómo usarlo, cómo hacer sus actualizaciones, cómo mantenerlo y cómo salir de los embrollos que nos puede ocasionar de vez en cuando. Eso incluye ser capaces de desarmar un virus que nos hayamos «comido» por alguna razón.

Primera regla de oro: para no pillar virus hay que ser un poco avispado. Lo primero que hay que hacer es ACTIVAR LAS EXTENSIONES. Ah, que no sabes lo que son las extensiones… Pues son las tres letras o números que aparecen detrás del puntito en el nombre del archivo: .avi, .doc, .mp3, .txt, .xls, .pdf, etc. Son importantes: le sirven al ordenador para saber con qué programa se abre un archivo determinado. Y se activan de una manera muy sencilla: haz doble clic en Mi PC, selecciona Herramientas > Opciones de carpeta > Ver. En el cuadro Configuración avanzada, desactiva la opción Ocultar las extensiones de archivo para tipos de archivo conocidos y activa la opción Ocultar archivos protegidos del sistema operativo. Haz clic en Aplicar a todas las carpetas y en Aceptar para cerrar el cuadro de diálogo.

¿Para qué sirve lo que te acabo de indicar? Para dos cosas:

1. Si no ves los archivos del sistema, es menos probable que borres alguno inadvertidamente.
2. Si ves las extensiones, será menos probable que te cuelen un virus (muchos, amparándose en que la configuración predeterminada de Windows consiste en ocultar las extensiones, nombran sus archivos como XXX.txt.exe, por ejemplo, y tú solo ves XXX.txt y te crees que es un archivo de texto).

Más consejos más adelante.

P.

Hace ya unos días, mencionaba que se podía inflar el currículo y que eso no lo hacía un instrumento fiable, per se, para seleccionar traductores:

El currículo ayuda, ¡cómo no!, pero no es un baremo fiable de la capacidad de una persona. ¿Por qué? Porque puedes haber inflado los detalles, porque puedes haber cambiado los nombres de las universidades por otras instituciones más prestigiosas… Se me ocurren 1.000 cosas, la verdad.
(de «Currículos y pruebas»)

Y hoy leo una noticia que me ha dejado impresionada: la decana de admisiones de MIT ha presentado la dimisión por haber falseado sus datos hace 28 años cuando entró como empleada de MIT (MIT News).

Me llama la atención que una institución como MIT se deje engañar así, porque hay muchas comprobaciones que se pueden hacer para corroborar que X es X y estudió Z en la universidad Y.

Lo que me sorprende es que lo haya desvelado ¡28 años! más tarde. Y lo que voy a decir es pura herejía: ¿era buena en su trabajo?

P.

Surge una nueva polémica en otra de las listas a las que estoy suscrita. Uno de los colegas (no soy digna de llamarlo así, seguro**) indica que la manera más fiable de reconocer a los profesionales de la traducción consiste en ver si tienen títulos específicos de traducción. Ese pequeño preámbulo siempre le sirve para indicar lo muy cualificado que está él, claro.

Vaya por Dios, vamos a ser tan tontos y tan ingenuos ahora como para retroceder como los cangrejos y mirar solo el currículo de una persona…

El currículo ayuda, ¡cómo no!, pero no es un baremo fiable de la capacidad de una persona. ¿Por qué? Porque puedes haber inflado los detalles, porque puedes haber cambiado los nombres de las universidades por otras instituciones más prestigiosas… Se me ocurren 1.000 cosas, la verdad.

Si estuviera buscando traductores, miraría el currículo, por supuesto, pero no me detendría ahí. La verdadera prueba de fuego es la traducción en sí. Cómo se desenvuelve una persona a la hora de afrontar un texto.

Ya sé que lo que voy a decir es un anatema para todas las agencias que conozco, pero las pruebas de traducción no conducen a ninguna parte. En primer lugar, muchas están mal diseñadas. He visto pruebas que consistían en listas de piezas mecánicas. Eso solo demuestra que tienes el vocabulario o lo sabes buscar y estás dispuesto a perder el tiempo. Pero no demuestra que sepas redactar. ¿Qué redacción hay en «Espejo retrovisor derecho»? Ninguna.

Otro de los fallos de las pruebas radica en que todo el mundo quiere una prueba gratuita. Hace una semana, me llegó una prueba. Después de perder un par de horas con ella (eran unos párrafos infumables sobre mecánica), decidí que no tenía por qué invertir más tiempo en algo que no me reportaba ningún beneficio salvo la promesa de «mucho volumen en el futuro». ¡A saber! Pero la pérdida obvia de tiempo y el trabajo «real» que tenía sobre la mesa, me hicieron desistir en menos que canta un gallo. A otro perro con ese hueso.

¿Cómo cambiar mi actitud y la de miles de traductores para poder observar la mercancía en una situación controlada? Hay que pagar. Hay que encargar una prueba pagada, sin decir que es una prueba, a las tarifas normales que hayamos negociado con el traductor. Unas 400 o 500 palabras bien elegidas pueden ser clave para saber si el traductor posee el bagaje que queremos o no.

Algo que las agencias parecen no tener en cuenta es el compromiso que adopta un traductor con un proyecto de pago. Lo primero que hacemos muchos traductores es rechazar el texto si vemos que no podemos cumplir con sus exigencias. Si contamos con unos plazos razonables de entrega (3 días para esa falsa prueba, por ejemplo), nuestro cerebro entra en modo trabajo y ponemos nuestro amor propio en hacer un buen trabajo.

Muchos dirán que tanta prueba pagada podría llevar a la ruina a más de una agencia. Claro, claro, lo comprendo. Si no fuera porque con la correspondencia y los currículos se puede cribar un 95% de los pretendientes a traductores… :-) Añádele a eso otro 3 o 4% por motivos varios y ya solo queda un 1% para la prueba pagada.

P.

**No soy digna de llamarlo colega porque no tengo titulación específica de traductora… Que no existía cuando estudié.

El flamante heredero del Eurodicautom no funciona. Dejó de funcionarme hace unos 10 días, coincidiendo con Semana Santa. Me armé de paciencia, porque hasta los funcionarios se cogen vacaciones (debería haber dicho que «¡por supuesto!, los funcionarios se cogen vacaciones»).

Pero este fin de semana pasado ya escribí preguntando por el problema y su posible solución. El problema son las cookies, que se codifican mal. Y tiene solución.

La recomendación que hacen consiste en borrar las cookies entre búsqueda y búsqueda. Una castaña como cualquier otra.

La solución que me ha funcionado a mí consiste en tocar la configuración un poco y olvidarme de ella después. Vaya por delante que utilizo Internet Explorer 6.0 (sí, ya lo sé, qué atrasada… Pero es que no me da ningún problema de visualización y me gusta evitar problemas).

Así que, abriendo IE, nos vamos a Herramientas>Opciones de Internet y elegimos la ficha Seguridad. Elegid Sitios restringidos y haced clic en Sitios. Añadid ahí la dirección del IATE (http://iate.europa.eu). Haced clic en Agregar y después en Aceptar. Luego hacemos clic en Nivel predeterminado y ya podemos cerrar todo eso.

Al poner esa dirección en Sitios restringidos, el ordenador ya no acepta las cookies del IATE, con lo que te libras de todo ese trabajo de limpiar cookies después de cada búsqueda.

P.

PD: siempre acudía al Eurodicautom cuando el IATE no funcionaba, pero eso ya no sale bien, porque el Eurodicautom redirecciona al IATE. No sé a qué mente diabólica se le ha ocurrido…

2ª PD: cuando el IATE funcione bien, acordaos de sacarlo de los Sitios restringidos, para que el buscador recuerde vuestras preferencias de búsqueda…

En una de las listas profesionales a las que estoy suscrita, se ha desatado un debate sobre la corrección a la hora de escribir mensajes. Mientras unos opinan que no es demasiado importante la forma, otros piensan que las listas son un reflejo de quiénes somos. Entre estos últimos me encuentro yo y voy a explicar por qué.

Trabajamos con el idioma y pretendemos comer de él. Me parece importante ofrecer una imagen de corrección al enviar mensajes a una lista profesional. Nunca sabes quién te lee, nunca sabes de dónde te llegará el próximo trabajo. Es importante que ese público, muchas veces silencioso, saque dos impresiones:

1. Que te molestas en consultar los diccionarios antes de lanzarte a una pregunta.

2. Que en preguntas y respuestas eres capaz de expresarte con corrección gramatical, ortográfica y léxica.

¿Es mucho pedir que la gente utilice las interrogaciones y exclamaciones de apertura (obligatorias en español)? ¿Es mucho pedir que la gente no incluya abreviaciones que no vienen al caso o que son incorrectas? ¿Es demasiado pedir que la gente se moleste en poner la tilde a las palabras acentuadas según las normas?

Esto me recuerda a una amiga que siempre se duchaba y se ponía ropa interior limpia antes de salir por la noche a tomar una copa, por si le pasaba algo y terminaba en el hospital, que los médicos la vieran limpia.

Pues esto es algo parecido. No cuesta dinero parecer un profesional en estas listas, solo cuesta un poco de esfuerzo.

P.

Tras leer la bitácora de Jaime Bonet hoy (English-Spanish translation pitfalls #2), en la que muy acertadamente indica que nuestro idioma no necesita de muletas para saber quién habla y que los pronombres se suelen utilizar con función enfática (y si no, véanse las siguientes frases consagradas por el acervo popular: «te lo digo yo» y «¡qué sabrás tú»), me he acordado de mis años de docencia y cómo el pronombre estaba pegado siempre al verbo. Solo después de unos cuantos años intensivos y de alguna estancia en el extranjero, parecían los estudiantes animarse a dejar de lado los pronombres.

En la misma línea con la entrada de Jaime, me queda por advertir otro lamentable defecto en el que incurrimos muchos traductores y que está consagrado por la informática. Me refiero al uso y abuso de los adjetivos posesivos. Hasta en Windows aparece el «My PC», como si fuera legítimo y normal ver algún PC ajeno en nuestro Escritorio… Ese «My PC», que se debería haber traducido sencillamente como «PC», «Distribución» o cualquier invento similar, ha pasado al español como «Mi PC»… Cuando queráis, le preguntamos a algún experto en pirateo informático lo normal de ver PC ajenos en nuestro ordenador.

Ahora me sobran todos los adjetivos que me faltaban en inglés, y que tanto trabajo me costó integrar en mi forma de hablar a nivel subconsciente. Siempre me hizo mucha gracia aquello de «My head hurts/aches», que le oí a varias personas. ¡Cómo si fuera posible sentir los dolores ajenos! Y cómo tuve que batallar con «Me duele mi cabeza», porque no se les caía el «mi» de la boca a los estudiantes…

Paso a una aclaración sobre una pregunta que me hicieron el otro día: palabras de origen y palabras de destino, en la entrada Día de correo. Suelen ser las dos maneras de cobrar que se utilizan en español, porque en otros idiomas se utilizan las cartelle, las líneas, etc.

¿Por qué me obceco siempre en cobrar las traducciones por palabra de origen? Por tres razones:

1. Le puedo dar un presupuesto cerrado al cliente.
2. Sé exactamente lo que voy a cobrar por un determinado trabajo.
3. La razón más poderosa para mí misma: NADIE podrá exigirme que cambie de estilo para amoldarme a su presupuesto.

Me parece de importancia capital estar en control del producto acabado. Y no necesito que nadie me cuestione el uso del idioma. Por ejemplo: «Click button X» en español es «haga clic en el botón X». Tres palabras más que en inglés. ¿Debería prostituir el uso del idioma y decir algo como «Cliquee botón X»?

Hombre, poder puedo. Lo de querer es harina de otro costal, porque el resultado es incomprensible. De esta manera, con las palabras de origen me despreocupo de cómo cobro mi trabajo y me empeño en la mejor manera de decir las cosas.

Solo recuerdo un par de ocasiones en las que cobré por palabra de destino: el original era una fotografía en PDF que no permitía el recuento de palabras.

P.

Mi marido tiene un cliente que le ha pedido que realice una campaña de notas de prensa en varios idiomas. Pablo solicitó un presupuesto a una agencia de traducción para las combinaciones ES>EN, ES>PT y ES>IT. Cuando lo recibió, me preguntó que si estaba bien y me lo pasó para que le echara un vistazo.

Gracias a eso, he descubierto que se pueden aplicar las mismas técnicas cuando buscas un cliente y cuando te conviertes en uno.

Lo primero que me llamó la atención fue el precio BAJO que le cobraban a él, como cliente directo. Automáticamente, me fui a las listas de prácticas de pago y descubrí que la agencia en cuestión tiene fama de no pagar a sus traductores.

Con un razonamiento muy parecido al que utilizo cuando busco clientes, pensé que si pagan poco, tarde o mal, es muy posible que tengan una gran rotación de traductores y que piquen traductores novatos hasta que se espabilan un poco.

Es una buena idea tener una actuación económica impecable para que te confíen un trabajo.

P.