A todo escritor le llegan las dudas de si será lo suficientemente bueno. Durante mucho tiempo, serán solo sus ojos los que juzguen lo que escribe. A veces le sorprende lo que ha escrito en un determinado momento. No obstante, su creación suele terminar olvidada, ajena a ojos extraños, o en el fondo de la papelera. Las papeleras de los escritores están llenas de los desechos de su trabajo, de palabras que no logran articular, exactamente, lo que su mente percibe con tanta claridad.
En todo momento, el escritor juega mentalmente con imágenes que podría plasmar. Ahí llega el momento decisorio: papel y bolígrafo (u ordenador o máquina de escribir), o el olvido. Lo malo de esas imágenes olvidadas es que jamás llegas a recuperarlas y te quedas persiguiendo fantasmas.
Por eso se titula esta entrada «La faena de escribir», no solo porque sea un trabajo, sino porque también es una mala pasada. Si a eso le añadimos que el que quiere ser escritor siempre siente ese deseo, en mayor o menor grado, el desastre está servido.
Cuando llevas años dándole vueltas a una novela y encontrando excusas para no escribirla mientras exploras, casi obsesivamente, hasta el último detalle, necesitas un desencadenante que te haga escribir. Yo todavía no lo he encontrado.
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Aquí encuentran su motivación dos escritores: un escritor en ciernes, con algunas ideas, sin demasiada experiencia vital, y un escritor mayor, consagrado, amargado, que lleva 20 años sin escribir y le ha cogido miedo, pero cuya mente sigue embargada de imágenes que podría plasmar en cualquier momento.
Si a eso se le añade el histrionismo de los italianos y el sol de la Toscana, con su ritmo lento y sus casas destartaladas y encantadas, éxito seguro.
Se anuncia como una comedia romántica porque, ¡cómo no!, «chico conoce a chica», pero algunos de los consejos del escritor consagrado no son malos en absoluto, como el de utilizar una máquina de escribir manual porque, al ser más lenta que un ordenador y no poder borrarse lo escrito, hay un cierto tiempo que permite pensar al escritor.
En todo caso, una película recomendable y entretenida.
P.
PD: siempre empiezo mis relatos a mano en un cuaderno que tengo a tal efecto. Lo más gracioso es que llega un momento en el que mis dedos reclaman el teclado porque las ideas empiezan a coger ritmo. Si interrumpo la escritura en ese momento, el relato queda inacabado.


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