Archivo de la Categoría F1


Ir a un bar se ha convertido en algo muy aburrido desde que tengo acupuntora que se preocupa por mi bienestar. Ya no pido un café con leche, sino un descafeinado de máquina con leche. ¿Y qué decir de la coca-cola? Ahora se ha convertido en una coca-cola a temperatura ambiente. Lo que más me fastidia, no obstante, son las averiguaciones en las que se mete la camarera: «¿Lo quieres con hielo?» Esta pregunta me ha hecho meditar bastante y he llegado a la conclusión de que por Madrid andan sueltos ciertos individuos que gozan con el sabor aguachinado de la coca-cola enfriada a base de hielo…

Pero déjame que te responda: ¡NO! ¡NO quiero hielo!

Ayer leí en una de mis revistas de historia que habían descubierto, por fin, la composición del azul maya (sí, de ese azul que no le faltó a Mel Gibson en «Apocalyto»).


Fin de semana de sorpresa de Renault. Cuando todo el mundo daba la temporada por perdida, va Alonso y se cuela en la primera línea de parrilla… A todos los que desprecian a la marca del rombo, recordarles que los dos primeros campeonatos mundiales de Michael Schumacher le llegaron de la mano de un motor Renault (Williams Renault y Benetton Renault). Vamos, que Renault no es primeriza en estas lides y a saber lo que le han prometido a Alonso, que parece más contento que nunca.

P.

Lo prometido es deuda, aunque me haya despedido de momento de vosotros hasta la primavera. Pero ya terminó el campeonato de F1 y os tengo prometido un análisis del flamante «pudo-ser»: Hamilton. Empezar diciendo que nunca había visto a ningún aspirante al campeonato perder una ventaja de 17 puntos en dos carreras… Pero tampoco había visto jamás a ningún novato empezar con un coche preparado por un bicampeón.

Y leo para mayor regocijo que el «problemilla» que tuvo Lewis con el cambio se debió a que apretó el botón P, el limitador de velocidad para entrada en boxes…

Antiguamente, en los bancos aquí en España, el personal entraba con un puesto de administrativo e iba subiendo a medida que sus aptitudes y la formación lo permitían, de manera que cuando Zutanito llegaba a director de la sucursal, por ejemplo, conocía todos los entresijos habidos y por haber. Actualmente esa costumbre ha caído en desuso y es una lástima, porque hay muchos directivos que desconocen el funcionamiento básico de su empresa.

A diferencia de todos los campeones anteriores, Alonso, Kimi, Schumacher, Hakkinen, etc., este chavalín apellidado Hamilton ha tenido patrocinador desde los 12 años… Es decir, cuando los otros aprendían de todo y se tiraban en el suelo con un mono para reparar un manguito picado, porque no había dinero, este esperaba a que llegaran los hombres de McLaren o su dinero a cambiarlo por uno nuevo. Y así pasa, que ha ido toda su vida de Director General y no sabe ni configurar el coche.

Entre eso y sus rabietas de «ahora no te dejo que des una vuelta rápida» o de «te denuncio a la FIA por haberme jodido», la verdad es que solo aprecio una cosa: sabe pisar el acelerador, de eso no me cabe la menor duda. Pero no sabe conservar la mecánica ni las ruedas, no sabe ser frío y dejarse pasar tranquilamente cuando no se juega una posición, sino un campeonato…

Espero con avidez el próximo campeonato, sobre todo si Alonso no le prepara el coche. Quiero ver hasta dónde llega sin ayudas superlativas… Creo que no llegará muy lejos, la verdad.


El Director General de McLaren

P.

PD: ¿soy la única a la que le parecen cutres las botitas de charol?


:) No hay más que decir.

P.

¿Soy la única que no ve el tremendo potencial que tiene Hamilton según todo el mundo? ¿No iba excesivamente acelerado en Mónaco, poniendo en peligro su propio segundo puesto?

:) Debe ser eso. El campeón con un perfecto «hat trick»: pole, vuelta rápida y carrera.


P.

PD: ya hablaré de Hamilton un día… cuando termine el campeonato.

Los que me conocéis sabéis que soy aficionada a la F1 desde que era una auténtica enana. Desde hace unos años, la F1 tienen un aliciente que se llama Alonso. Es un gran piloto y encima es español, miel sobre hojuelas.

A Pablo, que cambió de teléfono recientemente, le tocaron 2 entradas para el Gran Premio de Montmeló.

Nos quedamos en casa de un amigo en Montcada i Reixac, a solo 3 estaciones de tren de Montmeló. Cuando llegamos, descubrimos que el tren paraba en una esquina del pueblo, que el circuito estaba en la otra y que los separaba una distancia de 4 o 5 km. Fuimos siguiendo a los rebaños, Ni un autobús o taxi por ningún lado. Empezamos a escuchar los motores 2 km antes de llegar.

Cuando llegamos, era asiento libre, así que nos sentamos a final de la recta de salida, desde donde se veía también la salida de boxes y una curva de subida a derechas con piano.

La experiencia sensorial de la F1 en vivo y en directo no se parece en nada a la mierdecilla que nos ponen en la tele. En primer lugar, el circuito es mucho más pequeño, más estrecho y con muchos más desniveles. Ahí le tomé un nuevo respeto a los pilotos. Los coches no rugen, chillan. La escala de agudos es tan alta, que cuando pasan cerca sientes un puntito de dolor. Cuando reducen marchas, petardean como una ametralladora. Cuando suben por los pianos, las ruedas lo rascan, como el sonido de las bandas sonoras en las carreteras. Pasan a tanta velocidad que aun con mis gafas de miope tenía problemas para distinguir los colores de las escuderías. En esos entrenamientos, Alonso terminó primero.


Aunque a mí me gusta Alonso, hay mucho antialonsista en este mundo.
Por ellos va esta foto de Hamilton.

Al día siguiente, nos fuimos para el circuito para la tanda de clasificación. La vía a Montmeló estaba adornada de ristras de chorizos, pero de chorizos=cacos. En la estación de Montcada le robaron a Pablo la cartera, así que dinero poco y sin entradas. Yo encontré tres carteras desplumadas en el túnel que pasa por debajo de las vías. Recorrimos las estaciones que nos quedaban, por si habían tirado la cartera y pusimos la denuncia en Montmeló. Amabilísimos, por cierto.

Para que Cataluña no nos sentara tan mal, nuestro amigo nos llevó a comer una deliciosa fideuá en Sitges y luego estuvimos paseando por la parte antigua, que es una auténtica preciosidad como podéis ver.


Ya volveré a la F1 y espero ver los tres días enteros.

P.

Pero por fin llueve en Madrid. Después de años de sequía, parecemos haber desembocado en un otoño lluvioso. Llevamos una semana de lluvia y paraguas, de calefacción encendida, manga larga y añoranza de los días del verano, porque siempre parecemos experimentar nostalgia por lo que no tenemos, aunque en su día haya supuesto un problema.

Y por fin Fernando Alonso ha ganado su segundo campeonato mundial de F1. No sé quién tuvo la brillante idea de conectar desde Oviedo (una auténtica fiesta) y desde la patria chica de Schumacher, Kerpen (que parecía un funeral y ni siquiera irlandés o de Nueva Orleans). ¿A qué cabeza pensante se le ocurrió sacar ambas imágenes? ¿Existía la necesidad del revanchismo? ¿¿¿De quién??? Me pareció de muy mal gusto, la verdad. Y encima ayer fue el día de los errores mil, como darnos la bienvenida desde Indianapolis (!!). Era INterlagos, sólo dos letras en común y a un continente de distancia.

Paso lo de comentar lo del intérprete que quiere trabajar también de chófer y pide ayuda para decidir la tarifa…

Hoy llueve a mi gusto. Día gris, otoñal, un poco frío, de los de quedarse en casa trabajando con una taza de café calentito.

P.

Tras leer que en el contrato que las escuderías de la F1 firman con la FIA aparece una cláusula que les impide criticar a la asociación, vivo en un sinvivir porque las recientes declaraciones de Alonso le pueden costar el título. No importa que Ferrari rocíe los neumáticos con váyase usted a saber qué (para rociarlos, se ponen trajes de protección especiales), que utilicen neumáticos «extraños» con los que cambian el sistema de refrigeración de los frenos cada vez que hacen una parada en boxes, que se permitan el lujo de tener alerones flexibles y no ser penalizados por ellos (cuando Honda fue sancionada con dos carreras por el doble depósito).

En fin. En este mundo no se lleva la autocrítica. Lo que prima es la ley de la selva, con o sin razones.

Eso prima hasta en el mundo de las traducciones dichosas, ¡qué lástima! Las grandes agencias ofrecen precios irrisorios que siempre acepta algún necesitado («mejor un trabajo mal pagado que ninguno») o alguno que utiliza la traducción para sacarse unas «pelillas» (y que entrega una calidad deplorable); el traductor que hace un mal trabajo se escuda en la ignorancia del revisor… ¡Así nos luce el pelo!

P.

…déjala correr. Así reza el refrán. Uno que me recuerda mucho a las uvas verdes de la zorra de la fábula de Ésopo, por cierto. Me gusta más la versión de Ésopo, por ese puntito de suficiencia de la zorra que espeta un «bah, están verdes», mientras se larga.

Pues en el mundo, estamos siempre más acostumbrados al puntito de suficiencia. Cuando no obtenemos algo que queremos, sentimos la necesidad de salvaguardar nuestra honrilla espetando el «están verdes»…

Por eso me he quedado de piedra cuando he leído el titular de una noticia en el Marca esta mañana.

Una aclaración: leo el Marca todas las mañanas en el bar, mientras desayuno. Hojeo el periódico hasta que llego a la sección que me interesa: F1. Las noticias las leo en Internet y no, no suelo ver los telediarios de la televisión.

Hecha esta aclaración, os pongo sobre antecedentes para que captéis la importancia del titular. El año pasado, cuando Alonso iba de dueño del campeonato, Ron Dennis, jefe del equipo McLaren, dijo que no le interesaban los pilotos latinos, que eran un poco erráticos con su rendimiento… Ron ya se ha desayunado sus palabras: el año que viene tendrá a Fernando como piloto principal de su escudería.

El siguiente bastión inamovible del circo parecía Jean Todt, jefe de Ferrari, hombre impertérrito de jersey rojo (no importa que haya 40 ºC a la sombra), que nunca sonríe ni parece emocionarse.

Y esta mañana he leído la siguiente declaración de Jean Todt: «Renault tiene un piloto maravilloso». Me he quedado pasmada. No se ha limitado a decir que es bueno; es MARAVILLOSO…

Creo que la zorra de Todt languideció debajo de las uvas admirando el color carmesí del racimo y el suave aroma que despedía.

P.

Fin de semana totalmente visual. En último lugar llegó la F1 desde Bahréin. Ganó Alonso con un Schumacher pletórico en pista. F1 en estado puro, de la que crea afición, de salida de boxes a la par y llegada ajustada a la curva, a ver quién deja pasar a quién. Insuperable.

Antes llegaron dos historias que me dejaron conmocionada. Una fue una película, «El jardinero fiel», tremendo relato sobre el África postcolonial que sin estar directamente sometida a la metrópolis, sigue estando a su antojo. Historia de medicamentos fallidos cuyas pruebas se desarrollan en África, donde toda la población es un conejillo de Indias. Tremendo.

Otra fue la historia de los budas gigantes de Bamiyán, área situada en las antiguas rutas de la seda, al norte de Afganistán. Budas excavados en nichos de roca, colosos que albergaban miles de celdillas monacales, que fueron destruidos por los talibanes, que son iconoclastas por la prohibición coránica de representar figuras de culto. La historia se centra en varios personajes ligados de una u otra forma a la destrucción de los budas o al recuerdo de su existencia. Sale un periodista de Al-Yazira, con un discurso pseudointelectual que canta las maravillas del mundo islámico y la supuesta igualdad de su sociedad. Después leo que es el periodista detenido en Granada en conexión con Al-Qaeda… Queda la barbarie de unos individuos que destruyen parte de su historia con una antigüedad superior a su actual corriente. Ejemplo seguido por los chinos, que queriendo hacer un homenaje a los destruidos budas de Bamiyán, hacen un coloso kitch en piedra en una ladera de un monte y destruyen unas cuantas tumbas de más de 2.000 años.

Me quedo con una pancarta sobre la entrada del destruido museo de Kabul:

«Una nación se mantiene viva mientras su cultura perdura»

P.

Ya llegó el circo. Tras cinco meses de descanso, vuelve la temporada de F1 con un comienzo atípico, a caballo entre Europa y Australia: Bahréin. Veremos si este año es tan trepidante y reñido como el pasado. Yo, por si las moscas, empiezo a preparar palomitas y patatas fritas.

P.

Tuve un tío abuelo (o bisabuelo, no lo sé muy bien) que ganó una carrera de coches en Portugal hace un millón de años, con un bólido que llamaban «carro da morte» porque alcanzaba la espectacular velocidad de 30 k/h.

No sé si será verdad eso de que «De casta le viene al galgo», pero soy una apasionada de la F1. Tanto, tanto, que suelo tener el calendario de F1 muy presente cuando planeo mis fines de semana fuera de Madrid. De ahí mi desmayo al leer hoy que Alonso se pasa a McLaren en el 2007. Y mi desasosiego de que Renault disfrute en el 2006 su última temporada como escudería, aunque volverá a convertirse en motorizador. Parece ser que el presidente de Renault no es un forofo de la F1 y no está dispuesto a invertir más en mantener una escudería propia.

No me cabe la menor duda de que Renault seguirá siendo una privilegiada en el circo de la F1 (el primer título de Schumacher le llegó de la mano de Renault, Williams-Renault, si no me equivoco; el siguiente fue con Benetton-Renault). Y será un placer seguir viendo a Renault, aunque sólo como parte.

Pero Alonso en McLaren me produce escalofríos, la verdad. Con lo que me gustaban los McLaren allá en el 97, cuando Villeneuve ganó una apoteósica carrera, y por ende el campeonato, después de que Schumacher intentara sacarlo de pista (lo sacó, lo sacó, pero Schumacher se quedó clavado y Villeneuve continuó, aunque tocado, y puntuó lo suficiente para arrebatarle el campeonato. Después descalificaron a Schumacher, por juego sucio).

No sé, después de aquellas declaraciones de Ron Dennis en las que afirmaba que los pilotos latinos eran demasiado fogosos e inestables… Es posible que al final el equipo McLaren tenga tres pilotos latinos (Alonso, Montoya y de la Rosa) y Dennis se tenga que comer sus palabras. Y lo que espero de todo corazón es que Mercedes acabe poniendo motores que resistan dos carreras como Dios manda.

P.