Archivo de Diciembre 2005

Leo en el periódico que a todos los habitantes del mundo nos regalan un segundo más del año 2005. Desde el Observatorio de París han tomado esta medida para resincronizar todos los relojes atómicos con el movimiento de la tierra. Es decir, vivíamos todos de prestado e íbamos todos adelantados.

Pues nada, feliz año nuevo para todos y recordad atrasar el reloj atómico de casa un segundo…

P.

Leo una encuesta del CIS hablando, en general, de la percepción que tenemos los españoles de los inmigrantes… Y me quedo patidifusa cuando llego a uno de los últimos puntos del análisis, en el que se dice literalmente: «En cuestión de facilidades y derechos, la mayor parte de los encuestados es favorable a reconocerlos, como el acceso a la educación pública (92,5%), la igualdad de derechos laborales (86,4%), la asistencia sanitaria gratuita (81,3%), la práctica de su religión (81,2%) y el reagrupamiento familiar (73%)».

Y ahí es donde casi me da el infarto. En este país existe la malsana costumbre de pensar que la asistencia sanitaria es gratuita y no, no lo es. Los asalariados nunca se paran a pensar la cantidad de dinero que sale de su sueldo para financiar el sistema de la Seguridad Social. Ellos perciben su neto, refunfuñan de que el Estado se lleve lo que se lleva en concepto de impuestos, pero JAMÁS escucho a uno que se queje de su aportación a la SS, que más que aportación es un auténtico derecho de pernada. Los autónomos, como nos corresponde pasar por caja exclusivamente por este motivo, tenemos muy presente el coste de la SS.

Propongo que a los asalariados les den su nómina con sólo las retenciones del IRPF y el día 29 o 30 de cada mes pasen por caja para aportar su granito de arena a la gratuidad de la SS. Otro gallo nos cantaría, seguro.

Tengo una hucha en casa en la que suelo ir echando (es un botellón como de 20 litros) todas las monedas con las que regreso a casa tras hacer la compra, coger el pan, o lo que sea. Y he descubierto, para mi gran horror, que si saco dinero de mi hucha, nadie me lo repone y tengo x - y euros.

¿Por qué somos tan ingenuos y pensamos que todo el mundo tiene derecho a la asistencia sanitaria que es «gratuita»? Quizá porque carecemos de conciencia de haberla pagado…

Y yo aquí levantando ampollas, cambiando de médico cuando el que me asignan no me gusta y quejándome de que no me atiendan a la hora o de que me atiendan mal. Quizá me sigo creyendo que en realidad la SS tiene que funcionar como un seguro privado… Bah, si al fin y al cabo la SS es MÁS cara que los seguros privados… Alguna desventaja teníamos que tener, ¿no?

P.

Veintiséis de diciembre. Hoy todo el mundo trabaja. O al menos eso parece. Empiezo a notar los efectos de estas fiestas. Estoy cansada de coche, me duele el cuello y parezco una anoréxica. Es el efecto de tanta comida sobre la mesa: no me apetece comer. Hace frío pero aquí en Madrid no nieva. Lástima, con lo que me gustan las navidades blancas.

P.

Ya estamos a 21 de diciembre. Si parece que hace dos días tenía el aire acondicionado a todo meter y me quejaba del calor… Pues no. Evidentemente, mi percepción del paso del tiempo está cada vez más decrépita. Estamos a 21 de diciembre, llevo más de un mes viendo los adornos navideños en El Corte Inglés.

Y como todos los años, ya llegan tres cosas que me fastidian: los viajes, las comilonas y los regalos.

Para mí viajar implica un avión y, por lo menos, un cruce de fronteras. Estos viajes de Navidad son de los de andar por casa, de un máximo de 250 km. Hay que ir a pasar la Navidad con la familia. Hay que desarraigarse del propio hogar para recrear la ilusión de que seguimos siendo los seres dependientes de nuestra infancia. De repente, las casas silenciosas de nuestros familiares vuelven a llenarse por unos días y las nuestras se quedan vacías y un poco tristes.

Las comilonas… Yo no sé tú, pero a mí me gusta una buena ración de langostinos tigre a la plancha en cualquier momento del año, menos en estas fechas. Es como si todos nos apretáramos el cinturón para poder poner sobre la mesa en estos días todo lo que no hemos puesto el resto del año. Y claro, en mi caso esto se reduce a un cortocircuito del nervio óptico. Veo demasiado, luego no quiero nada. Sigo pensando que me encantaría tomar un plato de cuchara el 31 por la noche. Por ejemplo, unas lentejas.

Los regalos… ¡Ay, los regalos! En primer lugar, esa insorportable sensación de aplastamiento humano porque todo el mundo deja los regalos para el último día (y yo no iba a ser menos). Luego esos precios inflados porque la gente necesita gastar y quedar bien. Y lo peor para mí: no saber nunca qué comprar. Durante el resto del año, soy una compradora compulsiva, lo reconozco. Pero baste ser que haya obligación de comprar para que sea incapaz de hacerlo. En fin, al menos con mi marido tengo una tregua para comprarnos una televisión (no de las panorámicas, que se ven fatal cuando no es una película) allá cuando las rebajas sean propicias.

Y ayer «leí» dos libros, bueno, tres si contamos que me pulí el que tenía a medias… «La profecía Romanov», pura ciencia ficción, pero de un tema histórico. En este caso se habla de la restauración de los zares de Rusia tras la caída del comunismo y una época espantosa de corrupción y mafias. :-) Se dejaba leer. «PostSecret», un libro de un proyecto que también se encuentra en Internet (http://postsecret.blogspot.com/) y que trata de los secretos inconfesables de la gente. Me deja sin palabras a veces, otras me río, otras lloro… Y el tercer libro es «Visión de Nueva York», un facsímil de un diario de Carmen Martín Gaite que escribió en 1980. Me encantaron los recortes, los sentimientos, la mezcla de inglés y español… Me recordó al «Diario de Frida Khalo», que también tengo en facsímil.

Si no me veis unos días, que lo paséis bien con familia y amigos. ¡Felices fiestas!

P.

Tuve un tío abuelo (o bisabuelo, no lo sé muy bien) que ganó una carrera de coches en Portugal hace un millón de años, con un bólido que llamaban «carro da morte» porque alcanzaba la espectacular velocidad de 30 k/h.

No sé si será verdad eso de que «De casta le viene al galgo», pero soy una apasionada de la F1. Tanto, tanto, que suelo tener el calendario de F1 muy presente cuando planeo mis fines de semana fuera de Madrid. De ahí mi desmayo al leer hoy que Alonso se pasa a McLaren en el 2007. Y mi desasosiego de que Renault disfrute en el 2006 su última temporada como escudería, aunque volverá a convertirse en motorizador. Parece ser que el presidente de Renault no es un forofo de la F1 y no está dispuesto a invertir más en mantener una escudería propia.

No me cabe la menor duda de que Renault seguirá siendo una privilegiada en el circo de la F1 (el primer título de Schumacher le llegó de la mano de Renault, Williams-Renault, si no me equivoco; el siguiente fue con Benetton-Renault). Y será un placer seguir viendo a Renault, aunque sólo como parte.

Pero Alonso en McLaren me produce escalofríos, la verdad. Con lo que me gustaban los McLaren allá en el 97, cuando Villeneuve ganó una apoteósica carrera, y por ende el campeonato, después de que Schumacher intentara sacarlo de pista (lo sacó, lo sacó, pero Schumacher se quedó clavado y Villeneuve continuó, aunque tocado, y puntuó lo suficiente para arrebatarle el campeonato. Después descalificaron a Schumacher, por juego sucio).

No sé, después de aquellas declaraciones de Ron Dennis en las que afirmaba que los pilotos latinos eran demasiado fogosos e inestables… Es posible que al final el equipo McLaren tenga tres pilotos latinos (Alonso, Montoya y de la Rosa) y Dennis se tenga que comer sus palabras. Y lo que espero de todo corazón es que Mercedes acabe poniendo motores que resistan dos carreras como Dios manda.

P.

Soy muy sibarita, lo reconozco. Nada más placentero que un zumo de naranja recién exprimido. Dulce con su punto ácido. Si encima las naranjas no han pasado por congeladores ni montones de pesticidas o plaguicidas, el sabor es más puro y el placer inmenso. Si encima se es una persona como yo, que pasa su horario laboral pegada al ordenador y a Internet, tiene poco de extraño que las naranjas que estoy consumiendo hoy, estuvieran hace un par de días en el árbol, madurando.

Hace medio año que supe de la existencia de un productor en Valencia que vende por Internet. Encargas tus pedidos (en cajas de 15 kilos) y cuando tú digas lo tienes a la puerta de tu casa. ¿Hay algo más cómodo que no tener que recorrer fruterías buscando 1 kg decente de naranjas? Y, encima, son unas naranjas de buena calidad. Ni muy grandes, ni muy chicas. Del tamaño de una bola de nieve decente, para dar un buen pelotazo. Y con un zumo…

Ahora sólo me queda encontrar un productor de tomates Raff por Internet, porque los últimos me han salido a 9 euros el kilo. No, no, no quiero hacer las matemáticas, que me da un ataque…

P.

Me encuentro en mi buzón electrónico el típico mensaje de ofertas de una conocida cadena francesa dedicada principalmente a los libros. Lo miro para ver si hay algo que me llame la atención y sí, veo algo, pero además de llamarme la atención, hace que me caigan encima 20 años de una tacada.

Anuncian una «Llave de memoria USB de 1GB para transportar archivos de poco tamaño de manera sencilla, segura y rápida». Y es que, en esta época en que las descargas de Internet «pesan» al menos 700 MB, resulta que 1 GB se ha convertido en poca cosa…

Me entra la nostalgia de mi primer ordenador, que para mí era una computadora, que me costó 600 dólares de los de a 200 pesetas del año 84, que fue el primer clon de IBM (porque PC son todos los que tenemos en casa, sean de la plataforma que sean) que salió al mercado que usaba disquetes de 3.5″, los duros, los que puso de moda MacIntosh; que tenía la apabullante memoria TOTAL de 640 KB (porque tuve a bien comprarle una ampliación de memoria), que no tenía disco duro, tenía dos disqueteras (en la A iba el programa, en la B tu documento)… Benditos tiempos aquellos en los que Word cabía en 700 KB (al no haber disco duro, los disquetes no podían ser de alta densidad). Recuerdo lo contentísima que estaba cuando descubrí de que, además de ser de un tamaño reducido, la pantalla era en blanco y negro, obviando las molestas manchas rosas que veía en las paredes tras trabajar un par de horas con una pantalla verde de IBM o una naranja de Zenith.

Recientemente descubrí que aquella joya de la corona es, actualmente, una pieza de museo.

Es más, creo que si busco un poco, encontraré mi DOS 3.2.1 por algún lado…

P.

Yo sabía que la televisión andaba mal, pero la publicidad es aún peor, especialmente cuando pasa de medianoche. Sólo hay anuncios para «ligar» por móvil, para bajarse juegos al teléfono y algún que otro anuncio de música cutre (no me voy a meter con los «Infomerciales», que ese es concepto y palabreja que merece capítulo aparte).

Pero lo que escuché anoche se lleva el premio a lo peor que he visto u oído en mucho tiempo. Anunciaban un CD antológico y la línea con la que cerraban su presentación era (agarraos a la silla, por favor): «Los éxitos de X remixados de nuevo». En serio, si no supiera inglés, me habría quedado in albis.

Remix es un concepto que lleva años utilizándose en música, para dar aires de nuevo a lo que no tiene muchas notas innovadoras. Porque remix es sólo eso, una mezcla nueva de algo antiguo. Pero que, a lo sajón, nos vayamos a hacer un verbo de una palabra inglesa, es ya demasiado para mis pobres oídos.

Vamos a por la frase: «Los éxitos de X remixados de nuevo». La traducción literal sería: «Los éxitos de X vueltos a mezclar de nuevo». Total, invención de vocabulario y redundancia del peor gusto en cuestión de siete palabras. Creo que se lleva la palma a la peor construcción. Tampoco tiene tirón comercial. ¿Habría sido mejor una frase del estilo de «Nueva mezcla de los éxitos de X»?

A ver, analicemos. Mismo número de palabras, ausencia de verbo (mayor impacto sin verbo) y, encima, es gramatical y semánticamente correcta.

Bah, me quedo sin palabras ante mi propia audacia…

P.

Acabo de leer, en un pie de foto, «Santiago Carrillo, ex-secretario del PCE». Y digo yo, ¿no habría quedado mejor decir «antiguo secretario»?

A mí lo de ex me resulta poco natural. Sí, ya sé que la RAE lo acepta, que cada vez más divorciados/as hablan de su ex, etc., pero me come la duda: ¿no será un mero contagio del inglés? Creo que las primeras veces que escuche «ex-marido» fue en las películas estadounidenses. Claro, que en España no había divorcio entonces. Y llamar «nulo» a una antigua pareja (por la nulidad eclesiástica), podía acabar llevándote a un tribunal por difamación…

P.

De todas las ventajas que reporta ser autónomo, muchas personas citan los horarios propios, la responsabilidad final de los trabajos, el no tener que soportar a compañeros trepa, la posibilidad de parar a tomarse un café o un descanso cuando son necesarios, el poder llevar una dieta razonable y de bajo coste, etc., etc. No obstante, pocos mencionan la gran ventaja que para mí justifica hacerse autónomo: el no tener que rendirle cuentas a un jefe incompetente.

Por suerte o por desgracia, los jefes que me ha tocado sufrir en mi etapa española pertenecían al llamado «grupo de incompetentes». Eran buenos comerciales, pero en sus relaciones con sus subordinados eran sencillamente nefastos. Aún recuerdo a aquel jefe para el que trabajé unos meses, que me escribía los fax de pedido en inglés y me hacía justificar los cambios que metía en su gramática. Un día, que me levanté con el pie izquierdo, pasé el fax tal cual me lo había dado, porque estaba harta de justificar mis conocimientos ante él. Y, claro, la respuesta no se hizo esperar: llamada de la fábrica extranjera para preguntar qué quería exactamente. Y yo, que soy muy mala, le pasé directamente la llamada para que se explicase. Nunca me volvió a pedir que justificase mis cambios. O aquel otro jefe, que no perdonaba que yo supiera español, que me pidió que le hiciera un contrato y cuando se lo entregué, muy asombrado, me preguntó: «¿Pero Hortensia se escribe con hache?»…

No obstante, la palma se la llevan los jefes que se dedicaban a acorralar y angustiar al trabajador. Todo lo que hacías estaba mal. Y si no podían encontrar algo en lo que poner su dedo, tampoco te felicitaban. ¡Qué asco de ambiente!

Desde junio del año 2000, ejerzo de jefa. De jefa propia, naturalmente. Y soy de la peor calaña que he padecido. Casi, casi, sólo me faltan las botas negras y un látigo, porque me doy miedo a mí misma. Soy inflexible, tengo siempre un ojo abierto y vigilante, y me asfixio a mí misma cuando lo veo necesario. Lo bueno que tiene todo esto, es que me fío de mí misma y de mi calidad. Lo único bueno es eso, ser consciente de la propia responsabilidad.

P.