Ya estamos a 21 de diciembre. Si parece que hace dos días tenía el aire acondicionado a todo meter y me quejaba del calor… Pues no. Evidentemente, mi percepción del paso del tiempo está cada vez más decrépita. Estamos a 21 de diciembre, llevo más de un mes viendo los adornos navideños en El Corte Inglés.
Y como todos los años, ya llegan tres cosas que me fastidian: los viajes, las comilonas y los regalos.
Para mí viajar implica un avión y, por lo menos, un cruce de fronteras. Estos viajes de Navidad son de los de andar por casa, de un máximo de 250 km. Hay que ir a pasar la Navidad con la familia. Hay que desarraigarse del propio hogar para recrear la ilusión de que seguimos siendo los seres dependientes de nuestra infancia. De repente, las casas silenciosas de nuestros familiares vuelven a llenarse por unos días y las nuestras se quedan vacías y un poco tristes.
Las comilonas… Yo no sé tú, pero a mí me gusta una buena ración de langostinos tigre a la plancha en cualquier momento del año, menos en estas fechas. Es como si todos nos apretáramos el cinturón para poder poner sobre la mesa en estos días todo lo que no hemos puesto el resto del año. Y claro, en mi caso esto se reduce a un cortocircuito del nervio óptico. Veo demasiado, luego no quiero nada. Sigo pensando que me encantaría tomar un plato de cuchara el 31 por la noche. Por ejemplo, unas lentejas.
Los regalos… ¡Ay, los regalos! En primer lugar, esa insorportable sensación de aplastamiento humano porque todo el mundo deja los regalos para el último día (y yo no iba a ser menos). Luego esos precios inflados porque la gente necesita gastar y quedar bien. Y lo peor para mí: no saber nunca qué comprar. Durante el resto del año, soy una compradora compulsiva, lo reconozco. Pero baste ser que haya obligación de comprar para que sea incapaz de hacerlo. En fin, al menos con mi marido tengo una tregua para comprarnos una televisión (no de las panorámicas, que se ven fatal cuando no es una película) allá cuando las rebajas sean propicias.
Y ayer «leí» dos libros, bueno, tres si contamos que me pulí el que tenía a medias… «La profecía Romanov», pura ciencia ficción, pero de un tema histórico. En este caso se habla de la restauración de los zares de Rusia tras la caída del comunismo y una época espantosa de corrupción y mafias. :-) Se dejaba leer. «PostSecret», un libro de un proyecto que también se encuentra en Internet (http://postsecret.blogspot.com/) y que trata de los secretos inconfesables de la gente. Me deja sin palabras a veces, otras me río, otras lloro… Y el tercer libro es «Visión de Nueva York», un facsímil de un diario de Carmen Martín Gaite que escribió en 1980. Me encantaron los recortes, los sentimientos, la mezcla de inglés y español… Me recordó al «Diario de Frida Khalo», que también tengo en facsímil.
Si no me veis unos días, que lo paséis bien con familia y amigos. ¡Felices fiestas!
P.