Siempre que oigo esta frase, me parece ver a Robin Williams susurrándola junto a las vitrinas de fotografías de los antiguos alumnos en «El club de los poetas muertos», una de esas películas que me hacen creer en determinadas personas dentro del sistema educativo.
Carpe diem, pero se termina marzo, termina el frío y, con mi despiste habitual por el cambio estacional, me aferro al edredón como si de un salvavidas se tratara.
Carpe diem, y sé que el Valle del Jerte empieza a cuajarse de blanco de los cerezos en flor.
Carpe diem, musito, mientras desearía poder apagar el ordenador, olvidarme de esta traducción tediosa e irme a la cama.
Carpe diem, mientras en realidad yo aprovecho la noche.
Ha llegado la primavera. La puedo oler en el aire que entra por la ventana abierta.
P.
PD: Por cierto, ayer vi una película que me encantó, «Casa de arena y niebla». Había leído la novela hacía tiempo, pero la tenía muy olvidada. Las imágenes de la niebla «subiendo» por las colinas son estéticamente impecables. Me pareció una película triste, con un Ben Kingsley que me recordó mucho al personaje de «The Death Maiden».