Lo realmente bueno de trabajar por las noches es la oportunidad que tengo de escuchar música. Me pongo los auriculares, cargo el Winamp y lo pongo. Suelo cargar por carpetas (tengo mucha música en el ordenador; más de 20 GB), lo mezclo bien y lo pongo en marcha. A veces descubro a alguien que no me gusta entre lo que he cargado y rehago mi selección.
Nunca tengo menos de 500 canciones metidas en el programa que, a una media de 4 minutos, son 2.000 minutos de canciones, más de 33 horas de música. Lo bueno que tiene esto es que cuando el programa llega al final, vuelve al principio automáticamente, momento en el que suelo redescubrir alguna «joya» que ya se me había olvidado.
No obstante, cuando tengo más trabajo del que quiero y tengo que apretar los codos y teclear como una posesa, sólo hay una música que me deja hacerlo: «La flauta mágica» de Mozart. Me la sé de memoria.
P.
Estamos en un fin de semana largo. El lunes es el Día del Trabajo (como si el resto del año nos permitieran hacer vacaciones…) y el martes el Día de la Comunidad de Madrid. También se acerca San Isidro (15 de mayo) y empiezo a temblar por lo difícil que será aparcar cuando empiecen los toros.

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