Archivo de Junio 2006

De mis tiempos en Estados Unidos, recuerdo la fiebre que sentían gran número de estudiantes veinteañeros que empezaban a estudiar español por los encierros de San Fermín. Muchos hacían planes de venir a España coincidiendo con las fiestas y lanzarse al ruedo (es un decir, más bien se lanzaban a la calle). Incluso conozco a varios que lo hicieron.

Creo que llegan por el afán tan tonto de los deportes extremos. Y los toros no son deporte, pero sí son lo que ellos llaman extreme. Llevo años viendo que casi todos los heridos de los sanfermines son extranjeros.

Pues nada, vamos a ver si se va paliando la carencia de los dos dedos de frente (tan ausentes en la gente joven). Kukuxumusu, la famosa marca de camisetas de diseños originales, ha desarrollado el encierrómetro, que calcula el nivel de riesgo con unas premisas sencillas. La versión española está en http://www.sanfermin.com/encierrometro/test.php?lang=cas y la inglesa está en http://www.sanfermin.com/encierrometro/test.php?lang=eng.

Yo ya lo he hecho y que corra su tía delante de los miuras… :-D

P.

PD: no deja de sorprenderme que este blog ya supere la media de 110 visitas diarias. Además, según las estadísticas a las que tengo acceso, veo que muchos personas lo leen en traducciones de Google (desastrosas, por cierto). Pues, ¡chinchín y a seguir!

Hace ya unos días que le vengo dando vueltas a un tema importante, porque leo sobre él y lo he sufrido en mis propias carnes recientemente. Me refiero a las copias de seguridad.

Existe una falsa sensación de seguridad que leo en foros sobre la importancia que tiene hacer particiones y colocar los archivos de trabajo en una partición diferente de la que contiene el sistema operativo. Por favor, que alguien me corrija si estoy equivocada, pero eso sólo sirve en caso de que se te desbarate el sistema operativo y tengas que reinstalarlo. Sí, ya sé que todos somos muy manazas y eso nos puede salvar la vida de vez en cuando. Pero es que no todos los fallos son del mismo tipo.

Los fallos que a mí me suceden suelen llevar el mismo denominador común: la fuente de alimentación. ¿Por qué me fallan? Supongo que por uso excesivo, sobretensiones, le ponen gasolina corriente en vez de súper… En mi caso, cuando las fuentes de alimentación cascan, suelen llevarse por delante todo lo que encuentran, incluidos los discos duros que se alimentan de esa misma fuente. Así que resulta estúpido confiar en una partición secundaria, porque en el momento que se fastidie la tabla de asignación de archivos de ese disco, ya te enfrentas a un error catastrófico. De ahí la importancia de las copias de seguridad. Al fin y al cabo, una CPU nueva sólo es dinero, pero tu trabajo es vital.

Es crucial hacer las copias de seguridad en un medio externo. Puede ser un CD o un DVD, que todos los ordenadores traen grabadoras actualmente. Pero lo verdaderamente inteligente consiste en contar con un disco duro externo de conexión USB, por un par razones: tiene una alimentación independiente y tiene capacidad suficiente para albergar todo lo que contienen tus discos duros fijos.

Actualmente existen programas de todo tipo para automatizar los procesos más tediosos o más ingratos. ¿Por qué no utilizar uno de estos programas para asegurarnos de tener una copia de seguridad al final del día?

Podemos sacar imágenes iso de los discos o particiones y, después, hacer copia de seguridad exclusivamente de los datos que hayamos modificado o hayan cambiado durante nuestra jornada laboral. De esa manera, tener siempre una copia actual de nuestro trabajo será una tarea sencilla.

Recomiendo automatizar el proceso porque cuanto menos tengamos que pensarlo, menos opciones encontraremos para posponerlo hasta mañana. Sencillamente, en informática a veces no hay un mañana.

P.

Entre ayer y esta mañana he recibido cuatro correos no solicitados relacionados con mi trabajo. Esto debería ser una buena señal, pero a mí no me lo parece y reconozco que he perdido la paciencia al contestar a tres de ellos.

El primero pertenece a un sitio de traductores del que no he oído hablar en mi vida. Ya lo había visto hace unas semanas, cuando me dieron la lata por primera vez. Así que les he vuelto a contestar lo mismo:

Me gustaba el sitio hasta que vi la siguiente frase: «Deje que los traductores compitan por los trabajos». ¿Cómo finaliza esa frase? ¿Con un «tirando las tarifas por los suelos»? No me interesa esa filosofía de trabajo. No me interesa tirar mis tarifas ni pelearme por un trabajo. Además, la traducción de su sitio al español es, como mínimo, cuestionable. Mis clientes me asocian a la gran calidad de mi trabajo, así que me gustaría seguir así.
Como ya es la segunda vez que escribo este mensaje, imagino que no se ha molestado en borrar mi nombre de su base de datos. Elimínelo ya, por favor.

El segundo venía de una traductora de Madagascar, que se ofrecía para trabajar en mis proyectos de inglés a francés. Sé que le he pegado un buen rapapolvo, pero es que la gente que no sabe leer y demuestra una carencia total de curiosidad me pone mala:

Si hubiera visitado mi sitio web, habría descubierto que:
- Soy una mujer [comenzaba la misiva con «Dear Sir/Madam»]
- Trabajo en el par inglés-español exclusivamente
- No subcontrato trabajo

El tercero ha sido ya la gota que ha colmado el vaso. Era un largo mensaje de una agencia china en el que mencionaban haberme encontrado en un sitio web que no existe (¡vaya por Dios!). Me contaban el tipo de traducciones que lleva la agencia, me indicaban que mis tarifas estarían sujetas a mi nivel de calidad, que sería juzgado mediante una prueba de traducción gratuita, y que tendría que presentar copia de mi DNI o pasaporte. Como el mensaje ya llegaba en tercer lugar, he sido lacónica:

Gracias por el interés que demuestra, pero no hago pruebas gratuitas ni proporciono copias de mi DNI.

¿Es que ahí fuera sólo hay una jungla o es que me han visto cara de gilipollas? (Había puesto novata, pero eso no hace justicia al sentimiento que tengo)

P.

…déjala correr. Así reza el refrán. Uno que me recuerda mucho a las uvas verdes de la zorra de la fábula de Ésopo, por cierto. Me gusta más la versión de Ésopo, por ese puntito de suficiencia de la zorra que espeta un «bah, están verdes», mientras se larga.

Pues en el mundo, estamos siempre más acostumbrados al puntito de suficiencia. Cuando no obtenemos algo que queremos, sentimos la necesidad de salvaguardar nuestra honrilla espetando el «están verdes»…

Por eso me he quedado de piedra cuando he leído el titular de una noticia en el Marca esta mañana.

Una aclaración: leo el Marca todas las mañanas en el bar, mientras desayuno. Hojeo el periódico hasta que llego a la sección que me interesa: F1. Las noticias las leo en Internet y no, no suelo ver los telediarios de la televisión.

Hecha esta aclaración, os pongo sobre antecedentes para que captéis la importancia del titular. El año pasado, cuando Alonso iba de dueño del campeonato, Ron Dennis, jefe del equipo McLaren, dijo que no le interesaban los pilotos latinos, que eran un poco erráticos con su rendimiento… Ron ya se ha desayunado sus palabras: el año que viene tendrá a Fernando como piloto principal de su escudería.

El siguiente bastión inamovible del circo parecía Jean Todt, jefe de Ferrari, hombre impertérrito de jersey rojo (no importa que haya 40 ºC a la sombra), que nunca sonríe ni parece emocionarse.

Y esta mañana he leído la siguiente declaración de Jean Todt: «Renault tiene un piloto maravilloso». Me he quedado pasmada. No se ha limitado a decir que es bueno; es MARAVILLOSO…

Creo que la zorra de Todt languideció debajo de las uvas admirando el color carmesí del racimo y el suave aroma que despedía.

P.

Vaya por delante mi más profunda admiración por el genio y desparpajo de Fray Luis que, tras 15 años en las cárceles de la Inquisición, empezó así su clase…

Hace unos días, tras el rescate de mi disco duro, me las prometía yo tan felices. Al fin y al cabo, ya tenía ordenador nuevo, con doble procesador (en paralelo), que tragaba palabras y millas como un Ferrari. Lo malo es que de los Ferrari también había heredado la falta de fiabilidad.

El viernes tuve que ir a cambiar mi nueva CPU por problema de placa: se reiniciaba al tocar cualquier tecla. Una vez embarcada en ese trago, me di cuenta de que la caja parecía ya abierta…. Es decir, que alguien más había devuelto el ordenador.

Me atendió un chico que se molestó en buscarme un ordenador que no presentaba signos de haber estado en otras manos. ¡Hasta estaba intacto el precinto de la CPU! (Fue cuando me di cuenta que yo había podido abrir la CPU anterior sin ningún problema porque no había ningún precinto…)

Volví a casa encantada de la vida, rezongando un poco sobre mi mala suerte y los 1.001 programas que aún tenía que instalar. Tras introducir un par de datos, aquello se puso en marcha. ¡Cómo corría!

Decidí empezar por hacer unas modestas particiones. Total, con un disco duro de 200 gigas, no está mal hacer 4 particiones, por ejemplo. El programa de las particiones tenía que reiniciarse para poder hacer la primera partición…

Y ahí empezó Jesucristo a padecer. El programa se colgó, reinicié y el ordenador me dio un fallo grave (gravísimo, apostillo) que sólo le permitía entrar en un bucle sinfín de reinicios. Así que tiré por la calle del medio. Disco de XP (¡qué bajo he caído! ¡Cómo me he vendido por un disco externo Iomega de 250 gigas que no funcionaba del todo bien con Windows 2000!), formatear el ordenador y empezar desde cero.

Hoy he instalado GoBack, un programa que te permite restaurar tu estado de disco y configuración en un momento dado en el tiempo y he comprobado con horror que el ordenador volvía a entrar en el bucle de reinicios del infierno. Así que lo he desinstalado echando leches. Espero poder instalarme una versión un poco más moderna.

Vuelvo a tener todos mis archivos en el ordenador. Hasta he pasado por el aro del firewall de Windows (¡qué pesado, se reactivaba cuando le da la gana!). Esto empieza a tener color, afortunadamente, después de haber pasado un auténtico calvario los últimos días.

Y para celebrarlo, esta noche me han llamado para ofrecerme interpretación telefónica (al final he dicho que no, aunque no se fían de la otra intérprete y quizá tenga que intervenir), he hecho un trabajo de grabación de mensajes telefónicos en español e inglés (mi voz, mi tesooorooo) y tengo más trabajo esperándome mañana, con un plazo de entrega del 14 de julio.

Para más inri, llevo varios días con la oreja izquierda fastidiada: una infección de cartílago. Seguro que mucha gente ni siquiera sabía que el cartílago se puede infectar, ¿a que no? Bueno, por supuesto no me la había perforado (en la otra tengo dos agujeros extra). Pero vamos, es la tercera vez de mi vida que siento y padezco lo que es tener una oreja.

A pesar de ser una pupas en todos los sentidos, no consigo quitarme de la cabeza la escena que vi en la madrugada del viernes al sábado, a eso de las 6 de la mañana. Paseaba una mujer mayor a su perro, caminando con un bastón, e iba zigzagueando de un lado a otro de la calle, rebuscando en la basura. De repente apareció en la calle un coche y se echó a un lado, como si fuera paseando por el asfalto y lo dejara pasar. Mentalmente pedí no verme nunca en esa situación. También pensé que debe ser durísimo verse reducido a buscar en la basura cuando se tiene su dosis de orgullo…

P.

PD: tengo un mamarracho de vecino al que le da por tirar botes o frascos de cristal por la ventana de su 5º piso a eso de las 5 de la mañana, cuando vuelve de juerga. A ver si con un poco de suerte lees este blog y aprendes a meterte los frasquitos por donde amargan los pepinos, so capullo.

Ya os conté que perdí la CPU el domingo… El resto es una historia rocambolesca que puede terminar con alguien electrocutado. Esta mañana probé lo de la congelación. Como había leído que es mejor traerse la nevera al lado del ordenador, llené un cubo de agua con hielo y en él introduje el disco duro en una caja USB al que rodeaban un par de packs fríos de los de las neveras portátiles (bolsas de plástico para prevenir electrocución segura).

Mi nueva CPU no me reconocía el disco y me preguntaba que si quería formatearlo cada vez que hacía clic en él…

He empezado a pedir presupuestos de empresas que se dedican a la recuperación de datos esta tarde. La más barata empezaba a partir de 400 euros (+ IVA, naturalmente) y todas solían citar unos 6.000 como tope de las desdichas paganas. En muchos casos, eso no garantizaba la calidad de lo que iban a extraer, ni su estado.

Cuando mi marido ha llegado a casa, le he contado mis experimentos y lo negro que veía el futuro, así como las llamadas a las empresas de recuperación y lo que nos iba a costar.

No sé si el dinero aguza la picaresca, pero lo cierto es que mi disco duro está funcionando ahora mismo, en un sandwich de packs de hielo, en vertical, unido al ordenador de mi marido, que ha desconectado su disco duro y unas cuantas cosas más para que los cables llegaran al exterior…

¡¡¡YUPIIIIIIIIIIIIIIII!!!

No deja de ser irónico que sólo hace un par de días decidiera cambiar el diseño de mi blog y hoy tenga que escribirlo desde el portátil. Hoy, cuando salía a tomar una coca-cola, dejé mi ordenador puesto, como casi siempre (sólo lo apago cuando me voy a la cama). Cuando volví a casa, estaba apagado. Lo intento poner en marcha y no pasa nada. Y empieza el baile de los descartes: la fuente de alimentación… Impecable. A continuación, le pido a mi marido que me saque el contenido del disco duro pinchándolo en su ordenador. Y ahí llega la sofoquina: ni siquiera lo reconoce. Prueba el segundo disco duro que tampoco se deja querer…

Y llamo a un amigo informático que me cuenta algo que parece una leyenda urbana: hay que meter el disco duro en el congelador, que lo mire en Internet. Y en efecto, he sido capaz de arrancar uno de los discos tras un paso de un par de horas por el congelador.

Luego he leído algo aún mejor: hay que traerse el congelador junto al ordenador para mantener el disco frío durante la mayor cantidad de tiempo posible. Mañana, con una caja externa de disco con conexión USB, probaré a mantener el disco frío mientras rescato la mayor cantidad posible de datos.

Ya os mantendré informados. Ahora empieza el llanto y el crujir de dientes de por qué no tengo una copia de seguridad más reciente… ¡En fin!

Con el calor que empieza a hacer, me apetecía perder un poco de vista la máquina de escribir y encontrar algo refrescante. :-) Me topé con esta sandía.

P.

La televisión se ha impuesto. Pero no sólo la televisión, sino el cómic, la videoconsola… Lo visual arrasa. El lema de nuestra sociedad parece ser «una imagen vale mil palabras»… Una lástima, de verdad.

Eso se ha traducido en una televisión esperpéntica de prensa rosa e imágenes robadas (todo el país parece la sala de espera de una peluquería de barrio), en niños que aprenden a entretenerse solos con la videoconsola (que se olvidan del resto del mundo), en generaciones que no saben hacer la o con un canuto, que no leen, que no saben…

Imagino que de aquí a unos años habrán desaparecido los programas concurso de cultura general, o que las preguntas se centrarán exclusivamente en noticias de actualidad de la prensa amarilla.

Una imagen vale mil palabras… Existe un desmedido culto a lo estético. Sólo vales lo que mides, lo que pesas, la suerte que hayas tenido con la genética o, si el bolsillo te lo permite, el acierto que hayas tenido al seleccionar a tu cirujano plástico.

Mientras, los libros se ponen por las nubes, la música también; ir a un concierto supone casi empeñarte para el resto del mes…

Sigo leyendo, pero me pregunto qué porcentaje de personas entre 10 y 30 años lo siguen considerando como un verdadero pasatiempo y no como una tarea impuesta desde el colegio o el trabajo.

P.

Después de casi cinco horas de tenis (ha ganado Nadal), me vengo por el ordenador a comentar una noticia (en realidad, dos) que me llenó de estupefacción.

Hace tres o cuatro días, leo que un parlamentario europeo pretende cobrar impuestos por cada mensaje de correo electrónico (luego, ha desistido). Y ayer leo en Slashdot que se preguntan si ha llegado el momento de abandonar el correo electrónico (al parecer se dedican demasiados recursos a su mantenimiento). Me pregunto cómo sería volver a los tiempos anteriores al correo electrónico ahora que conocemos la satisfacción de la entrega inmediata.

Lo que si está claro es que alguien pierde mucho dinero con el correo electrónico, y que ese alguien es el estado. Pero creo recordar que el estado también se beneficia del número de conexiones a Internet, porque me parece que IVA pago por mi conexión, desde luego…

En fin, como siempre: a matar a la gallina de los huevos de oro. ¿Es que estos no leían cuentos de pequeños?

P.