Vaya por delante mi más profunda admiración por el genio y desparpajo de Fray Luis que, tras 15 años en las cárceles de la Inquisición, empezó así su clase…
Hace unos días, tras el rescate de mi disco duro, me las prometía yo tan felices. Al fin y al cabo, ya tenía ordenador nuevo, con doble procesador (en paralelo), que tragaba palabras y millas como un Ferrari. Lo malo es que de los Ferrari también había heredado la falta de fiabilidad.
El viernes tuve que ir a cambiar mi nueva CPU por problema de placa: se reiniciaba al tocar cualquier tecla. Una vez embarcada en ese trago, me di cuenta de que la caja parecía ya abierta…. Es decir, que alguien más había devuelto el ordenador.
Me atendió un chico que se molestó en buscarme un ordenador que no presentaba signos de haber estado en otras manos. ¡Hasta estaba intacto el precinto de la CPU! (Fue cuando me di cuenta que yo había podido abrir la CPU anterior sin ningún problema porque no había ningún precinto…)
Volví a casa encantada de la vida, rezongando un poco sobre mi mala suerte y los 1.001 programas que aún tenía que instalar. Tras introducir un par de datos, aquello se puso en marcha. ¡Cómo corría!
Decidí empezar por hacer unas modestas particiones. Total, con un disco duro de 200 gigas, no está mal hacer 4 particiones, por ejemplo. El programa de las particiones tenía que reiniciarse para poder hacer la primera partición…
Y ahí empezó Jesucristo a padecer. El programa se colgó, reinicié y el ordenador me dio un fallo grave (gravísimo, apostillo) que sólo le permitía entrar en un bucle sinfín de reinicios. Así que tiré por la calle del medio. Disco de XP (¡qué bajo he caído! ¡Cómo me he vendido por un disco externo Iomega de 250 gigas que no funcionaba del todo bien con Windows 2000!), formatear el ordenador y empezar desde cero.
Hoy he instalado GoBack, un programa que te permite restaurar tu estado de disco y configuración en un momento dado en el tiempo y he comprobado con horror que el ordenador volvía a entrar en el bucle de reinicios del infierno. Así que lo he desinstalado echando leches. Espero poder instalarme una versión un poco más moderna.
Vuelvo a tener todos mis archivos en el ordenador. Hasta he pasado por el aro del firewall de Windows (¡qué pesado, se reactivaba cuando le da la gana!). Esto empieza a tener color, afortunadamente, después de haber pasado un auténtico calvario los últimos días.
Y para celebrarlo, esta noche me han llamado para ofrecerme interpretación telefónica (al final he dicho que no, aunque no se fían de la otra intérprete y quizá tenga que intervenir), he hecho un trabajo de grabación de mensajes telefónicos en español e inglés (mi voz, mi tesooorooo) y tengo más trabajo esperándome mañana, con un plazo de entrega del 14 de julio.
Para más inri, llevo varios días con la oreja izquierda fastidiada: una infección de cartílago. Seguro que mucha gente ni siquiera sabía que el cartílago se puede infectar, ¿a que no? Bueno, por supuesto no me la había perforado (en la otra tengo dos agujeros extra). Pero vamos, es la tercera vez de mi vida que siento y padezco lo que es tener una oreja.
A pesar de ser una pupas en todos los sentidos, no consigo quitarme de la cabeza la escena que vi en la madrugada del viernes al sábado, a eso de las 6 de la mañana. Paseaba una mujer mayor a su perro, caminando con un bastón, e iba zigzagueando de un lado a otro de la calle, rebuscando en la basura. De repente apareció en la calle un coche y se echó a un lado, como si fuera paseando por el asfalto y lo dejara pasar. Mentalmente pedí no verme nunca en esa situación. También pensé que debe ser durísimo verse reducido a buscar en la basura cuando se tiene su dosis de orgullo…
P.
PD: tengo un mamarracho de vecino al que le da por tirar botes o frascos de cristal por la ventana de su 5º piso a eso de las 5 de la mañana, cuando vuelve de juerga. A ver si con un poco de suerte lees este blog y aprendes a meterte los frasquitos por donde amargan los pepinos, so capullo.