Archivo de Agosto 2006

Leo en una encuesta que el 72% de los españoles está a favor de que el gobierno fije el máximo de horas de trabajo. Creía que andaba en 40 horas semanales; de hecho, todos los contratos se basan en esto. Así que imagino que los españoles quieren que se barran las horas extras. Imagino que más de uno las considera un sobresueldo cuando se necesita estirar el dinero porque no se llega a fin de mes… Lo malo es que en España las horas extra no se pagan (excepto en algunos sectores), salvo que trabajes por horas. De hecho, hace unos años, si no te quedabas todos los días o hacías algo extra algún que otro fin de semana, te amenazaban con despedirte… De tal manera, hubo una época en la que trabajaba en una compañía de multimedia, que entraba a las 8 de la mañana y salía a las 10 de la noche. Catorce horas por un contrato de 8 diarias, no está mal.

Naturalmente, cuando decidí que me despidieran** porque estaba harta de mi trabajo abusivo, recorté inmediatamente a las 8 horas de rigor, y ahí se acabaron todos mis males.

P.

**En España existe una diferencia enorme entre despedir y despedirse. Si te despides, dejas de percibir el finiquito, que es una cantidad que te tiene que pagar la empresa por liquidar tu contrato antes de tiempo. Y tal y como están las cosas, siempre conviene que te despidan. Aquí no parece tener la carga peyorativa que tenía en EE. UU.

Hoy recibí un par de mensajes que afirmaban haber encontrado mi información en uno de tantos sitios web donde la tengo colgada. Ambos preguntaban mi disponibilidad y mis tarifas. Una de las agencias estaba en China y la otra en Estados Unidos.

A diferencia de muchas agencias chinas que se han puesto en contacto conmigo, la persona que escribía el mensaje hablaba un inglés aceptable y contestó lo siguiente tras indicarle yo mis tarifas (mínimo absoluto de 0,08 EUR por palabra de origen):

Muchas gracias por su rápida respuesta y por el currículo. No obstante, el factor más importante es que el coste sería altísimo para nosotros. Sinceramente, es una tarifa más alta que la que nosotros le pedimos al cliente.

Yo ya sabía que mis tarifas eran altas para China, pero no esperaba tal sinceridad, así que contesté:

Lamentablemente, esos clientes que le pagan unas tarifas tan bajas, posiblemente se dan la vuelta y, sin mover un dedo, les cargan el triple a sus propios clientes. Tal y como son las cosas, vivo y trabajo en uno de los países más caros del mundo, así que sé que la calidad tiene un precio alto y estoy cansada de ver malas traducciones hechas por traductores que son neófitos o cobran una miseria.
La globalización significa que puedes conseguir un trabajo bien hecho en cualquier lugar del mundo, pero más y más a menudo lo veo como sinónimo de tarifas bajas y mala calidad.
Espero de corazón que consigan subir sus tarifas para que podamos colaborar en el futuro.

¿Por qué confundimos la globalización con peores tarifas y trabajo mediocre? ¿Por qué los intermediarios se creen que tienen el sagrado derecho de exprimirnos a todos?

P.

Tras toda la agitación en el mundo islámico por la publicación de unas caricaturas de Mahoma, leí ayer en el periódico que se ha inaugurado una exposición de caricaturas sobre el holocausto en Irán, país cuyo presidente afirma que el holocausto es tan solo un mito para justificar la creación del estado de Israel.

No veo a nadie quemando embajadas de Irán en ningún lugar del mundo. Y eso que estas caricaturas llevan la sangre de millones de víctimas (no sólo judíos) en su tinta.

P.

Leo un anuncio en el que solicitan un argentino (o argentina) que enseñe castellano en una ciudad europea. Creo que tanta corrección política ha confundido a mucha gente, porque por no querer hablar de español (que lo es), pedimos un argentino que enseñe castellano…

El idioma es español, aunque a mucha gente parezca darle un patatús cuando leen eso. Y dentro del español, tenemos variedades dialectales, como el castellano, el mexicano o el argentino.

Lo peor de todo no es la incorrección conceptual del anuncio, sino que lo puso una persona que se dedica a la traducción…

P.

Este tema de hoy es casi una continuación del de ayer porque el tema de las tarifas tiene mucho de leyenda urbana, no porque no se cobren (a veces tampoco se cobra, todo hay que decirlo), sino por el secretismo que suele rodear lo que realmente cobramos.

Siempre hablamos de mantener unas «tarifas dignas», de «no tirar los precios por la ventana», de tener una tarifa mínima «que de ahí no bajo». Pero lo cierto es que, concretamente, nunca especificamos números y cuando nos preguntan lo que cobramos, siempre comenzamos con un «depende». Parecemos niños… :-)

Hoy toca hablar de tarifas con honradez, con números por delante, para no dejar a nadie sin saber exactamente. Me queda mencionar que España es uno de los países más caros del mundo, no por los precios en sí, sino por el tremendo desfase entre precios y sueldos. También afirmo que no trabajo con agencias españolas porque suelen tener unas tarifas muy bajas y, a veces, conseguir que te paguen se convierte en una guerra sin cuartel. También afirmo que yo he tenido la suerte de colaborar con muy buenas agencias españolas, muy profesionales y muy puntuales con sus pagos.

Actualmente, los traductores que cobren menos de 8 o 9 céntimos de euro en el extranjero están regalándose. Lo normal viene a ser entre 9 y 12 céntimos de euro. Y os hablo de clientes INDIRECTOS (agencias).

Suponiendo que trabajemos 22 días laborables al mes, que hagamos 2.500 palabras diarias (una media que, más o menos, asegura un cierto control de calidad por nuestra parte), a 9 céntimos de euro, eso supone 4.950 euros a final de mes.

Empecemos a descontar gastos, porque esa cantidad es bruta: casa, alimentación, transporte, electricidad, gas, teléfono, ADSL, Seguridad Social, impuestos, etc., etc., etc. Y todo eso suponiendo que trabajemos los 22 días laborables del mes.

Ahora, si queréis trabajar a destajo por menos dinero, adelante. Pero no contéis conmigo.

P.

Esta semana me han contado una nueva leyenda urbana que pasará pronto a engrosar los libros del folklore de lo que es imposible.

Tiene algo que ver con la imagen que utilizo ahora como fondo de escritorio en el ordenador. Es una fotografía de la cabecera de la catarata de la Herradura de Niágara, la más grande y famosa (aunque confieso que mis favoritas son las cataratas del lado estadounidense en pleno invierno, todas congeladas).

Según esta persona, que no comprende cómo Niágara puede llevar un caudal tan grande de agua todo el año (caen más de 5.000 metros cúbicos por segundo), Niágara es un circuito cerrado en el que se recicla el agua, como en una fuente, vamos.

Tamaña obra de ingeniería habría dejado su huella en los libros, seguro. Así que me puse a buscar porque estaba completamente convencido de lo que decía.

Lo único que leí es que hay cuatro túneles de derivación de agua por encima de la catarata para producir electricidad y que por la noche es cuando derivan más agua (y vuelve toda al río antes de dar el salto, naturalmente).

Esto de andar en plena sequía nos reblandece el cerebro…

P.