Archivo de Noviembre 2006

Vivo en Madrid, como muchos sabéis. Después de dar tumbos durante años, al final vine a vivir a Madrid en 1996. Pensaba que me sería más fácil encontrar trabajo en una gran ciudad, pero llegué en pleno auge de las ETT.

En junio de 2000, cansada de jefes y trabajos abusivos, decidí hacerme autónoma. Desde entonces, dejé de soportar Madrid. Me asfixia el tamaño, pasar media hora en coche para llegar al centro (y yo vivo al lado de la plaza de toros de Las Ventas, bastante céntrica), las colas en los cines, los restaurantes abarrotados… Del metro no hablo: dejé de utilizarlo cuando me hice autónoma.

Pero Madrid tiene un encanto antiguo. Y para muestra, este par de botones.


Esta es la calle Toledo, en la que viví en una casa vieja (aquello no era antiguo, creedme) durante un año. Parte de la Plaza Mayor y va hacia el sur, hacia el antiguo camino de Toledo. El arco y las primeras casas están iguales, rehabilitadas pero iguales. Hace años la recorría longitudinalmente el tranvía, cuyas vías aún se ven en algunos puntos semienterradas en el asfalto.


Hubo un tiempo en el que el mejor sitio para hacer la colada era el río. Nada de lo que se ve en la fotografía existe ya. Tampoco queda mucho del río ahora mismo, cuyo cauce está semienterrado por las obras de la M-30.

P.

Sigo viendo traducciones de Google de las páginas de Maremagnum, así que os lo recuerdo por si se os ha olvidado.

Existen DOS versiones de este blog:

1. en español, Maremagnum
2. en inglés, Pandemonium

P.

En un comentario que acabo de hacer en este mismo blog a algo que había escrito Jaime en respuesta a «La UNE que se nos viene encima», acabo de escribir lo siguiente:

Pero es que claro, en este país se piensa que es lícito comenzar con una calidad deplorable, que luego vendrá el maestro pastelero y hará unos festones mmmmmuuuuuuuuuuuuuuu bonitos de chantilly que lo cubra todo, todo y todo. Y si cubres mierda, es mierda adornada, pero la palabra operativa sigue siendo MIERDA.

Como a veces me han confundido con maestra pastelera, os voy a mostrar algunos de mis «Secretos del chef», para demostrar que la calidad tiene un precio. Lo siguiente os llega en tres etapas:

1. TEXTO ORIGINAL:

Large capacity loads are easily spun with the new V24 centrifuge. This unit carries up to 24-15ml test tubes at speeds up to 4000 rpm’s. The optional digital tachometer accurately measures the speed. The transparent lid allows for safe observation of samples and securely locks shut. Set the timer and walk away…when the bell rings, push the electric brake button to quickly stop the rotor. This unit is durable and quiet.

2. TRADUCCIÓN:

Con el nuevo V24 centrífugo es posible hacer girar fácilmente las cargas de gran capacidad. Esta unidad transporta tubos de ensayo de hasta 24-15ml a velocidades de hasta 4000 rpms. El tacómetro digital opcional mide la velocidad con exactitud. La tapa transparente permite una observación segura de las muestras y las traba para que no se muevan. Programe el temporizador y olvídese ….cuando suene la campana, presione el botón eléctrico del freno para detener rápidamente el rotor. Esta unidad es duradera y silenciosa.

3. REVISIÓN (mía):

Con la nueva centrifugadora V24 podrá centrifugar cargas de gran capacidad. Esta unidad puede acomodar un máximo de 24 tubos de ensayo de 15 ml a una velocidad máxima de 4.000 rpm. El contador de revoluciones digital opcional registra la velocidad con precisión. La cubierta transparente permite observar las muestras de forma segura y garantiza el bloqueo del cierre de la centrifugadora. Programe el temporizador y olvídese… Cuando suene el avisador, pulse el botón del freno eléctrico para detener rápidamente el rotor. Esta unidad es duradera y silenciosa.

Los comentarios os los dejo a vosotros.

P.

He estado esta tarde en una reunión informativa sobre la UNE 15038 organizada por Asetrad

La UNE 15038 es una «certificación de los criterios mínimos de calidad» de las traducciones. Pero que NADIE se llame a engaño. La calidad que pretende certificarse es la de un proceso, no la del resultado.

Es decir, viene un auditor a tu casa y mira los procesos y evalúa si te ajustas a la norma. Los pasos de ese proceso vienen a ser un poco de 2+2=4, o de los proverbiales dos dedos de frente.

Se sigue un proceso de establecimiento de condiciones con el cliente (tarifas, plazos, entregas, formatos, pagos), se acepta el trabajo solo si se dispone de los recursos (?) necesarios, se hace la traducción, se envía a un revisor y se entrega. Eso es básicamente el proceso que se sigue.

Lo malo de esto es que solo se certifica que has seguido el proceso, no que lo hayas aplicado BIEN.

Por ejemplo, no se menciona en ningún momento la capacidad lingüística del revisor ni del traductor, condición que haría que la traducción certificada pudiese ser un desastre.

Personalmente lo veo como:

- Aumento de la burocracia.
- Pérdida de tiempo (hay que documentarlo todo y hasta pedir informes a tus clientes, lo que la norma llama «feedback» con tranquilidad pasmosa. ¿Para qué sirve pedir un informe a tu cliente? El grado de satisfacción de un cliente se mide por la continuidad de la relación que estableces y la continuidad del trabajo.)
- Pérdida de dinero. El auditor viene a cobrar entre 600 y 800 euros por día, por lo que todo depende de cuántos días tarde en examinar tu caso.

Mi miedo, no obstante, radica en que la certificación se convierta en signo de calidad. Esta España de la pandereta sufre una titulitis galopante. Cualquier jefe de 4ª regional quiere sellos y timbres que adornen…

Ya me lo imagino: «Tiene certificación UNE, debe ser una agencia excelente». Y he descubierto, hace pocas horas, que una de esas agencias que están obteniendo certificaciones ISO de calidad cobra menos al cliente final que yo…

En fin, se nos viene encima. Pero que NADIE se llame a engaño, que certifican el proceso, no la calidad del producto final.

P.

Comentaba hace un momento que la traducción al inglés de «El perfume», de Patrick Süskind, no es muy buena. Al menos la que yo leí (y dejé de regalar) en Estados Unidos.

En el año 92, salió la película «Como agua para chocolate», basada en la novela homónima de Laura Esquivel. La autora y su marido participaron activamente en la producción de la película y, claro, estaba muy bien hecha. Al día siguiente, salí a comprar la novela. Carbondale era un lugar pequeño y no tenía demasiados libros en español. Así que me la compré en inglés, intentando apaciguar el deseo de leer la novela antes de mi siguiente visita a St. Louis, donde sí la encontraría en español. La leí de un tirón y me pareció una novela floja, sin nada de la magia que había visto en pantalla.

A partir de ahí, me surgió la duda: ¿era una mala traducción o es que el inglés carecía de recursos sintácticos y semánticos para plasmar el realismo mágico?

En los siguientes meses, devoré todas las novelas escritas directamente en inglés de autores de nombre hispano, o novelas sobre temas hispanos. Descubrí un rico filón de buenas novelas y el realismo mágico estaba fantástico, gracias.

¿Cuántas de las novelas que leemos y encontramos flojas son problema de traducción?

P.

Me suelen gustar las películas en versión original. Hace mucho tiempo que descubrí que los actores de Hollywood no hablan castellano redondo, misma época, más o menos, en la que descubrí que los bancos no eran gigantescos almacenes de cajas de zapatos en las que se guardaba el dinero de los clientes. Confieso que era una inocente. Claro, que para mí las catedrales tenían el coro al fondo de la nave y la entrada principal por un lado. Desventaja de haber crecido en Plasencia, cuya catedral gótica quedó inacabada (se iba construyendo derruyendo la catedral románica, que también quedó a medias…). La primera vez que vi una catedral terminada, me impactó ese coro en medio, poniendo cortapisas entre los hombres y Dios… ¡En fin!

Ayer caí más bajo de lo que pensé caer jamás, porque ver a Dustin Hoffman parlotear en francés (doblado, naturalmente)…

Tengo ganas de ver «El perfume: historia de un asesino», que es una de mis novelas favoritas. No obstante, tengo un poco de miedo. La traducción al inglés no era excesivamente buena…

P.

Inauguro hoy una nueva categoría que titulo «Informática a trancas y barrancas», porque desde que cambié a Windows XP es rara la semana que no me pasa alguna cosa. Lo último fue este fin de semana pasado. Al arrancar el ordenador, se hace un CHKDSK automático y se me informa que uno de los archivos de índice estaba mal y que se ha recuperado desde la copia de seguridad del sistema…

Doy un suspiro de alivio mientras el ordenador se inicia pensando que todo va bien… ¡Qué equivocados estamos a veces!

A partir de ahí, hasta hoy, todo ha sido un continuo padecer. Lo que se me ha borrado, nadie sabe por qué, ha sido toda la configuración del ordenador. Imagínate que, al entrar en tu casa, todos tus muebles los encuentras apilados en la entrada. Sabes dónde va cada cosa, pero tienes que dedicar horas a volver a ponerlo en su sitio.

Lo primero que hay que hacer, en mi caso, es borrarle esa redondez típica del XP que no soporto. Todo el aspecto revierte al clásico de Windows 2000. Como no es la primera vez que lo hago, esos menesteres, en los que hay que tocar 1.001 menús y hacer clic en 1.001 botones, suelen ser como montar en bicicleta: a medida que doy pedaladas, recuerdo cómo se dan.

Luego ya, conseguir que todos los programas funcionen como tienen que funcionar, es otra cosa… El primero en darme problemas es Trados, cuya barra de herramientas desaparece de Word. Esta vez me cuesta un poco más ponerlo en marcha. Así que hago los tres pasos de rigor, uno detrás de otro:

1. Cerrar Word, buscar todos los Normal.DOT y borrarlos. Abrir Word otra vez a ver si funciona bien.

2. Desinstalar Trados y volver a instalarlo. Eso suele dar resultado.

3. Abrir el explorador e ir a C\Documents and Settings\Tu carpeta de usuario (MOSTRAR ARCHIVOS OCULTOS EN OPCIONES DE CARPETA DEL EXPLORADOR SI ESTÁN OCULTOS)\Datos de programa\Microsoft\Word\Inicio y comprobar que el archivo TradosX.dot está dentro.

Con el último se solventan los problemas de Trados, pero no los de Word. Cuando abro Word, ya con su barra de herramientas de Trados bien visible, y trato de comenzar a traducir, me da un error grave y se cierra. Pruebo varias veces y varias veces pasa lo mismo. Finalmente, decido actualizar Windows y Office, por si se hubiera «perdido» alguna actualización. Me paso más de dos horas bajando actualizaciones e instalándolas. TODAS las actualizaciones desde que Windows XP se llama así y todas las de Office 2000. Se han perdido todas las actualizaciones que había ido haciendo con el paso del tiempo.

En todo este gazpacho de reinstalaciones, sólo hay una buena noticia: vuelvo a tener una red de seguridad. Norton GoBack se ha instalado correctamente en el XP y el ordenador no se ha metido en un bucle eterno de reinicios. Lo malo es que sólo he instalado GoBack y se ha cargado la instalación de todo SystemWorks, por lo que he tenido que reinstalarlo.

Para los interesados, decir que la versión de Norton que funciona con XP SU2 es la 2006 Premier.

Por supuesto, no he tenido tiempo de sacar las fotos de Plasencia y colgarlas en la web. Además, ayer he tenido trabajo en firme. Un cliente me ha adelantado el plazo de entrega y me ha tocado trabajar 10 horas seguidas, con gran horror por mi parte ante tropelías del tipo de «presionar el freno» en vez de «pisar el freno», o «tapa del depósito» en vez de «tapón del depósito».

Hice lo que debía hacer: advertir al cliente y hacer mi parte exclusivamente (traducir casi 2.000 palabras). (Ya sé, 10 horas para 2.000 palabras… Si no fuera porque soy incapaz de ver errores en lo que ya está traducido y pasar de largo sin corregirlos. De ahí las 10 horas, hasta que decidí pasar de largo de la parte ya traducida y centrarme en el trabajo por el que me pagaban.)

P.

Este fin de semana pasado fui a mi tierra. Soy extremeña, de la zona norte de Extremadura. Para los que no conozcan la zona y sí hayan escuchado las leyendas urbanas sobre la aridez de Extremadura, llegué en plenas lluvias. Soy de Plasencia, una ciudad de 40.000 habitantes que se asienta a la entrada del conocido Valle del Jerte. Este valle se dedica al cultivo de las cerezas y es famosa la floración allá por el mes de marzo. Entonces, las laderas se cubren de color blanco y todo son flores, aunque a mí me gusta más la época de la recogida, con el cerezo maduro y cargado de frutos rojos. Lo cierto es que nunca nos gusta aquello que tenemos en abundancia y en mi casa sobraban las cerezas cuando era pequeña. Sí recuerdo que las usaba como pendientes, cuando venían de dos en dos, pero lo que se dice comerlas… las comía poco.

El Valle del Jerte, cuyo nombre topográfico es en realidad Valle de Plasencia, tiene unos 40 km de largo. Las montañas rondan los 1.500 m y son montañas jóvenes, escarpadas. El tercer pico de la izquierda es el Puerto de Honduras, que he atravesado una vez. En invierno permanece cerrado por la nieve. El pueblo más alto de la provincia es Piornal. Solían tener un sanatorio para tuberculosos, aunque lo han convertido en un hotel. Las vistas desde allí son magníficas: el valle a un lado y todos los pueblecitos de La Vera al otro.

Normalmente, el paisaje es medianamente seco y muy sobrio. Miles de encinas, jaras y piedra por todos lados (de hecho, cuando la labor intensiva era una norma de vida, todas las delimitaciones de las fincas eran de piedra).

Pero esta vez… Esta vez había charcos de agua y regatos por doquier, la hierba tenía un color verde chillón y jugoso. Encima, pacían las ovejas (parecían más blancas que de costumbre) y las retintas, unas vacas de color rojo cobrizo que son autóctonas de allí.

:-) Estaba precioso.

P.

Se terminó el verano y se llevó la sandía que presidía este blog. Entre los temas que estuve mirando, este me pareció uno de los más sobrios y más fáciles de leer, aunque no descarto liarme otra noche con más tiempo a probarlos todos.


Una imagen de esas que sobrecogen un poco. Son tormentas solares. Feliz otoño.

P.