Acabo de descubrir esta joyita (¡gracias, Xosé!).
Como podéis ver en el vídeo, la «intérprete» puede salir airosa con las frases más ortodoxas, pero en cuanto Axel mete uno de sus «f***ing» por medio y se lanza a una pequeña perorata de las de mucho uso idiomático y pocas raíces gramaticales, la pobre Noel se pierde y solo dice incongruencias; en muchos casos, de hecho solo altera el significado de la frase.
Volvemos a lo de siempre: un idioma es un ser vivo. No importa que leas mucho, o que estudies más gramática que nadie, o que traduzcas larguísimos textos, todos ellos muy complicados. Eso es solo una muleta en el aprendizaje del idioma.
Lo que de verdad te da tablas y lo que te ayuda a salir de cualquier embrollo, es irte a vivir un tiempo no inferior a 1 año, para empezar, al país donde se habla el idioma que pretendes hacer tuyo.
Ahora se discuten los requisitos de la carrera Traducción e Interpretación y se quejan muchos de que actualmente, tal y como está planteada, se estudia mucha teoría y se adquieren pocos conocimientos prácticos, como lenguaje técnico en diferentes ámbitos. Y ahora mismo se plantea en varios frentes que la estancia prolongada en el extranjero no es condición sine qua non para ser traductor…
No obstante, casi todos los traductores de la vieja escuela (y me incluyo, porque ni siquiera existía la carrera) hemos pasado por estancias de muchos años en el extranjero…
Normalmente, esas estancias no te sirven para traducir (no me malinterpretes, sí te sirven para prescindir de diccionario cada dos por tres) textos técnicos; esos requieren unos conocimientos avanzados sobre el tema, más que sobre la forma de desarrollarlo. Pero a los traductores literarios les resulta imprescindible una larga estancia en el extranjero, porque casi todas las preguntas que veo de ese tipo en las listas de distribución son de uso idiomático. Ni más ni menos.
P.


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