Archivo de Enero 2007

Acabo de descubrir esta joyita (¡gracias, Xosé!).

Como podéis ver en el vídeo, la «intérprete» puede salir airosa con las frases más ortodoxas, pero en cuanto Axel mete uno de sus «f***ing» por medio y se lanza a una pequeña perorata de las de mucho uso idiomático y pocas raíces gramaticales, la pobre Noel se pierde y solo dice incongruencias; en muchos casos, de hecho solo altera el significado de la frase.

Volvemos a lo de siempre: un idioma es un ser vivo. No importa que leas mucho, o que estudies más gramática que nadie, o que traduzcas larguísimos textos, todos ellos muy complicados. Eso es solo una muleta en el aprendizaje del idioma.

Lo que de verdad te da tablas y lo que te ayuda a salir de cualquier embrollo, es irte a vivir un tiempo no inferior a 1 año, para empezar, al país donde se habla el idioma que pretendes hacer tuyo.

Ahora se discuten los requisitos de la carrera Traducción e Interpretación y se quejan muchos de que actualmente, tal y como está planteada, se estudia mucha teoría y se adquieren pocos conocimientos prácticos, como lenguaje técnico en diferentes ámbitos. Y ahora mismo se plantea en varios frentes que la estancia prolongada en el extranjero no es condición sine qua non para ser traductor…

No obstante, casi todos los traductores de la vieja escuela (y me incluyo, porque ni siquiera existía la carrera) hemos pasado por estancias de muchos años en el extranjero…

Normalmente, esas estancias no te sirven para traducir (no me malinterpretes, sí te sirven para prescindir de diccionario cada dos por tres) textos técnicos; esos requieren unos conocimientos avanzados sobre el tema, más que sobre la forma de desarrollarlo. Pero a los traductores literarios les resulta imprescindible una larga estancia en el extranjero, porque casi todas las preguntas que veo de ese tipo en las listas de distribución son de uso idiomático. Ni más ni menos.

P.


(SI NO HAS VISTO LA PELÍCULA, NO DEBERÍAS SEGUIR LEYENDO, PORQUE ES UN POCO SPOILER ESTA ENTRADA.)

Tenía muchas ganas de ver «Apocalypto». Había leído buenas y malas críticas, parecía que a nadie le dejaba indiferente. Y por fin la he visto.

Rodada enteramente en maya, he leído en la Internet Movie Database para asegurarme de que es sobre los últimos días del Imperio Maya.

La película es salvaje, brutal, llena de colorido. Me ha gustado mucho y la historia es buena. Ni siquiera he echado de menos el sonido de un idioma reconocible.

Lo que me llama completamente la atención es el final de la película. ¿Qué pintan tres carabelas en la playa si Colón no llegó a América (a las islas Bahamas) hasta 1492? Si esto es el final del Imperio Maya, para cuando llegaron los españoles a América ya había desaparecido el imperio como tal. Entonces los que tenían la supremacía en esa parte del mundo eran los aztecas. Para el siglo XVI, los mayas eran tenidos por una civilización avanzada y muy desaparecida, que se dedicaba a aquellas alturas al comercio.

Esos últimos tres minutos estropean una película buena a rabiar.

P.

Aproximadamente en estas fechas, se avecina la declaración trimestral y anual del IVA y todos los años veo la misma historia. Mis colegas son capaces de perder un día entero intentando rellenar unos papeles ininteligibles.

Yo no sé qué tarifas están cobrando, pero tal y como está el mercado, un día supone entre 200 y 300 euros de ganancia. No comprendo cómo pueden prescindir de esos ingresos, en vez de dárselos a un gestor para que les lleve y les tramite los papeles.

Cuando empecé a trabajar en la traducción, al principio los ingresos eran escasos. Pero siempre fui capaz de tener un gestor que me hiciera los papeles correctamente. No confío en mí misma para solventar tantos cálculos con unos nombres tan originales que no hay quien los entienda.

A mí me resulta más barato pagar a un gestor que me haga los papeles y olvidar los múltiples dolores de cabeza que veo. En todas las listas de distribución a las que estoy suscrita, se amontonan los mensajes con preguntas del tipo «¿qué pongo en la casilla 309?». Lo más gracioso es que las respuestas son variopintas y suelen contradecirse.

Por cierto, tanto hablar de responsabilidad y ayer mismo he puesto otro impedimento en el camino hacia la madurez de mi marido (le he comprado una cometa).

P.

Llevo unos días trabajando en un software para un cliente que requería Catalyst. Para los que no conocéis el programa, es una interfaz gráfica para traducir programas. Se ven los cuadros de diálogo, las disposiciones de las opciones de menú… Es entretenido, para qué negarlo.

Pero lo mismo que es entretenido, también roba algo de tiempo.

Esta vez todo ha sido un poco más complicado. Aparte del programa en sí, esta vez he tenido unas condiciones de trabajo un poco peculiares.

Me pidió el cliente que actualizara el programa a la versión 6 y me descargué el archivo. Tras numerosas intentonas, XP me dejó en la estacada, como si no le gustara Catalyst.

Decidí entonces instalarlo en el portátil, que tiene Windows 2000. Se instaló a la primera, con su licencia y todo. Así que he tenido que trabajar en el portátil.

Eché mi pantalla normal hacia atrás y retiré el teclado y el ratón hacia un lado. En el espacio delante de la pantalla, puse el portátil, su teclado y su ratón…

Ahora que ya he desmontado este suplicio, la mesa me parece inmensa, y mi pantalla aún más. Sobre todo estoy encantada de no tener problemas para decidir qué teclado o qué ratón usar… Antes estaba contestando un comentario y me encontré el comentario dentro de mi traducción porque se me había olvidado cambiar de teclado para escribir en mi ordenador de siempre… :-)

Feliz 2007, con un poco de retraso.

P.