Ayer hablaba de la necesidad de trabajar con un buen revisor cuando se es novel. Pero en realidad, cuatro ojos siempre ven más que dos, así que el revisor es una necesidad incluso para los traductores con experiencia. No obstante, el revisor siempre debe estar pagado, que es la única forma de mantener este servicio.
Personalmente, lo de la revisión no me gusta, lo reconozco. Revisar algo que ha traducido otra persona puede acarrear muchos sinsabores.
El primero es cuando topas con un traductor poco formado cuya traducción es un desbarajuste. Entonces te echas las manos a la cabeza. Eso lo primero. Luego hablas con tu cliente. Si el cliente es razonable (y toco madera, porque los míos se fían de mí, quizá porque reparto flores con la misma ligereza que reparto palos), te dará carta blanca para cobrar lo necesario. Lo necesario, en estos casos, suele ser el cobro por horas, porque corregir una traducción mala puede llevar más horas que la traducción inicial. Esto se fundamenta de manera muy sencilla: eliges varios ejemplos jugosos, haces una traducción literal (para que el cliente se entere si es extranjero) y luego presentas tu versión y le explicas por qué es mejor. Pocos clientes resisten eso.
También puede darse el caso de un cliente poco razonable. En esa tesitura, tienes dos opciones: rechazar el trabajo alegando su mala calidad o trabajar gratis. Personalmente, soy tan tonta que creo que al trabajo lo llaman trabajo porque tiene que ser remunerado. Pero ahí decide cada uno.
Ya hablaré otro día de la noción de despedir a un cliente… :-)
Hasta ahora he hablado de agencias que se ponen en contacto conmigo para realizar trabajos de revisión. Son las mismas agencias con las que suelo traducir, por lo que sé a ciencia cierta que agregan valor al trabajo del traductor. No me importa que le cobren el oro y el moro al cliente final. A mí me pagan las tarifas que quiero en los dos casos: traducción y revisión. Obviamente esto les sale rentable y a mí también.
¿Qué pasa en el caso de los clientes finales? Pues lo mismo, aunque en este caso no hay intermediario (agencia) que valga. Eres tú el que gestiona el proyecto, traduces, encuentras un revisor y le pagas por su trabajo, y presentas el trabajo final. Lo que prima en estos casos es entregar un trabajo FINAL, listo para publicación si es necesario.
Cuando hay un cliente final, mis tarifas suben del orden de un 50-75% para cubrir gastos adicionales. Esos gastos son la gestión del proyecto y el revisor.
No olvides tratar a tu revisor con esmero. Pregúntale su tarifa, cuéntale los plazos de tiempo que barajas y no olvides exponerle tu forma de pago. En este caso de cliente final, el revisor trabaja directamente para ti, así que tendrás que negociar con el revisor igual que negocias con cualquier cliente. Y naturalmente, debes observar las condiciones escrupulosamente. No vale decir eso de «te pago cuando me pague el cliente final». Al revisor no le importa tu cliente; su cliente eres tú.
Acostúmbrate a trabajar con varios revisores que estén especializados en temas diferentes y elígelos por su idoneidad. Pide explicaciones de los cambios que no entiendas. Trabaja con personas en las que confíes y a las que admires…
:-) Hoy me ha salido un pequeño sermón.
P.
P.D.: si trabajas para una agencia como traductor, es de esperar que ellos aporten el revisor, eso es lo natural (porque en tu tarifa de traductor no has negociado ni incluido los gastos de un revisor externo). Pero eso no te da carta blanca para presentar el trabajo sin revisar por ti. Yo suelo hacer dos revisiones: la del corrector ortográfico, que no es muy buena (ver la entrada titulada «De pautas y putas», que habla precisamente de ese tema), y una revisión «manual» (las de toda la vida, con papeles y bolígrafo por medio).