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©«300» de Frank Miller
No es un secreto que me gustan los comics.
Ver «Sin City», un cómic duro, de un mundo degradado, donde la sangre blanca llegaba a ser insoportable, supuso una pequeña revelación porque no estaba acostumbrada a los comics tan realistas y violentos. Los comics que habían formado parte de mis lecturas se centraban en el espacio/futuro, la época medieval o los superhéreoes.
Ayer vi por fin «300», la película basada en el comic de Frank Miller sobre los 300 espartanos que lucharon contra las huestes persas en la Batalla de las Termópilas.
Sin meterme en polémicas sobre si fueron solo 300 espartanos, o sobre el aspecto de Jerjes (o Xerxes), por el cual ya se han quejado los iraníes actuales, tengo que decir que la película es fiel al cómic y, como tal, merece mi aplauso.
Leí el cómic antes de ver la película, vaya eso por delante. Esta vez, el cómic es en color, muy estilizado. Las imágenes de la pantalla recrean las viñetas del cómic, su narrativa tersa y de voz en off («Marchamos, marchamos, hacia la muerte marchamos»), las notas exageradas del cómic para presentar a sus personajes (Jerjes parece un gigante de 3 metros, pero es que sus manos también parecen desmesuradas)…
Algunas frases para el recuerdo:
Espartano, vuelve con tu escudo o sobre él (la reina de Esparta a su marido, Leónidas)
Entonces lucharemos a la sombra (en respuesta a la amenaza de que las flechas persas oscurecerán el sol)
Un ejercicio estético gracias a los efectos especiales. Muy recomendable para los amantes del cómic.
P.


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