Archivo de Marzo 2007



©«300» de Frank Miller

No es un secreto que me gustan los comics.

Ver «Sin City», un cómic duro, de un mundo degradado, donde la sangre blanca llegaba a ser insoportable, supuso una pequeña revelación porque no estaba acostumbrada a los comics tan realistas y violentos. Los comics que habían formado parte de mis lecturas se centraban en el espacio/futuro, la época medieval o los superhéreoes.

Ayer vi por fin «300», la película basada en el comic de Frank Miller sobre los 300 espartanos que lucharon contra las huestes persas en la Batalla de las Termópilas.

Sin meterme en polémicas sobre si fueron solo 300 espartanos, o sobre el aspecto de Jerjes (o Xerxes), por el cual ya se han quejado los iraníes actuales, tengo que decir que la película es fiel al cómic y, como tal, merece mi aplauso.

Leí el cómic antes de ver la película, vaya eso por delante. Esta vez, el cómic es en color, muy estilizado. Las imágenes de la pantalla recrean las viñetas del cómic, su narrativa tersa y de voz en off («Marchamos, marchamos, hacia la muerte marchamos»), las notas exageradas del cómic para presentar a sus personajes (Jerjes parece un gigante de 3 metros, pero es que sus manos también parecen desmesuradas)…

Algunas frases para el recuerdo:

Espartano, vuelve con tu escudo o sobre él (la reina de Esparta a su marido, Leónidas)

Entonces lucharemos a la sombra (en respuesta a la amenaza de que las flechas persas oscurecerán el sol)

Un ejercicio estético gracias a los efectos especiales. Muy recomendable para los amantes del cómic.

P.

Tras leer la bitácora de Jaime Bonet hoy (English-Spanish translation pitfalls #2), en la que muy acertadamente indica que nuestro idioma no necesita de muletas para saber quién habla y que los pronombres se suelen utilizar con función enfática (y si no, véanse las siguientes frases consagradas por el acervo popular: «te lo digo yo» y «¡qué sabrás tú»), me he acordado de mis años de docencia y cómo el pronombre estaba pegado siempre al verbo. Solo después de unos cuantos años intensivos y de alguna estancia en el extranjero, parecían los estudiantes animarse a dejar de lado los pronombres.

En la misma línea con la entrada de Jaime, me queda por advertir otro lamentable defecto en el que incurrimos muchos traductores y que está consagrado por la informática. Me refiero al uso y abuso de los adjetivos posesivos. Hasta en Windows aparece el «My PC», como si fuera legítimo y normal ver algún PC ajeno en nuestro Escritorio… Ese «My PC», que se debería haber traducido sencillamente como «PC», «Distribución» o cualquier invento similar, ha pasado al español como «Mi PC»… Cuando queráis, le preguntamos a algún experto en pirateo informático lo normal de ver PC ajenos en nuestro ordenador.

Ahora me sobran todos los adjetivos que me faltaban en inglés, y que tanto trabajo me costó integrar en mi forma de hablar a nivel subconsciente. Siempre me hizo mucha gracia aquello de «My head hurts/aches», que le oí a varias personas. ¡Cómo si fuera posible sentir los dolores ajenos! Y cómo tuve que batallar con «Me duele mi cabeza», porque no se les caía el «mi» de la boca a los estudiantes…

Paso a una aclaración sobre una pregunta que me hicieron el otro día: palabras de origen y palabras de destino, en la entrada Día de correo. Suelen ser las dos maneras de cobrar que se utilizan en español, porque en otros idiomas se utilizan las cartelle, las líneas, etc.

¿Por qué me obceco siempre en cobrar las traducciones por palabra de origen? Por tres razones:

1. Le puedo dar un presupuesto cerrado al cliente.
2. Sé exactamente lo que voy a cobrar por un determinado trabajo.
3. La razón más poderosa para mí misma: NADIE podrá exigirme que cambie de estilo para amoldarme a su presupuesto.

Me parece de importancia capital estar en control del producto acabado. Y no necesito que nadie me cuestione el uso del idioma. Por ejemplo: «Click button X» en español es «haga clic en el botón X». Tres palabras más que en inglés. ¿Debería prostituir el uso del idioma y decir algo como «Cliquee botón X»?

Hombre, poder puedo. Lo de querer es harina de otro costal, porque el resultado es incomprensible. De esta manera, con las palabras de origen me despreocupo de cómo cobro mi trabajo y me empeño en la mejor manera de decir las cosas.

Solo recuerdo un par de ocasiones en las que cobré por palabra de destino: el original era una fotografía en PDF que no permitía el recuento de palabras.

P.

Me encantan las películas catastrofistas. Cuanto más descabelladas, más me gustan. Cuanto más especiales los efectos, más arrobada me siento frente a la pantalla mientras veo morir a media humanidad. Me gustan las películas catastrofistas porque sé que todos los «muertos» se levantan al final y ponen la mano para recibir la paga.

Una de mis grandes favoritas es «Armageddon», porque debe ser una de las peores que recuerdo. Pero los efectos especiales son gloriosos. La de «Deep Impact» también me encanta con ese tsunami imposible.

Pues va a ser que la vida remeda al arte y vamos a ser «testigos» en nuestro tiempo de una catástrofe que parece un cruce de ambas películas.

Existe un asteroide llamado Apophis que se encamina hacia la tierra. Hacia el 2029 pasará tan cerquita, que quedará atrapado en nuestra órbita. Siete años más tarde, se precipitará contra el planeta. Parece ser que caerá en el mar y abrirá una brecha de varios kilómetros en la corteza terrestre, desencadenando un tsunami de gigantescas proporciones (el asteroide tiene un diámetro de 250 m).

Entra Pedro Duque, astronauta español ya retirado que ha creado una empresa que se ocupa de esas minucias y de poner satélites en órbita. El plan inicial parece constar de dos naves: una se estrellaría contra Apophis (para destruirlo o alterar su rumbo) y la otra haría un seguimiento…

No es por nada, pero me infundiría bastante confianza saber que Bruce Willis también está a bordo. :-)

P.

A pesar de la incidencia del cáncer, Al Viola no cambió su agenda ni siquiera en sus últimos meses, recordándose ahora la que probablemente es su actuación póstuma, celebrada el pasado mes de enero en el club ‘Spazio de Ventura Boulevard’.

Eso en el periódico. No sabía yo que se hacían actuaciones «póstumas» un mes antes de morir… Creía, como dice el diccionario, que póstumo es «Que sale a la luz después de la muerte del padre o autor» (Real Academia Española © Todos los derechos reservados).

¿No sería que el autor buscaba «postrero» (Último en una lista o serie [Real Academia Española © Todos los derechos reservados]) y se encestó en la p y buscó la palabra más bonita?

De lo que casi no me cabe duda es de que es una traducción y de que al periodista inicial le falla el diccionario.

P.