Los traductores que se estrenan en esta profesión deben verlo muy negro. Leo por todas partes comentarios del estilo de «estoy empezando, tengo poca experiencia, cometo errores, no puedo cobrar lo mismo que un profesional». Yo soy de la opinión de que un traductor nuevo SÍ puede cobrar lo mismo que uno con experiencia. Pero hay que tener la profesionalidad necesaria para contratar, de tu propio bolsillo, a un revisor que se encargue de enseñarte y corregirte. De esta manera, el cliente ve tu producto terminado y, siendo de buena calidad, estará dispuesto a seguir enviándote más proyectos.
Pule tu currículo, contrata una cuenta de correo de pago (nada de yahoo ni hotmail, por favor), apúntate a las muchas listas de prácticas de pago que hay en la red y utilízalas para buscar nuevos clientes, visita sus páginas web, rellena los formularios que tienen, haz pruebas si es necesario (pero nada de un capítulo; 300 o 400 palabras bien elegidas dan una idea buena de la capacidad del traductor), haz seguimiento. Si te pones en contacto con una agencia directamente, no se te ocurra adjuntar el currículo sin más, porque en muchos lugares borran automáticamente los mensajes no solicitados con documentos adjuntos; pega el contenido de tu currículo debajo del mensaje. Invierte un poco en tu presentación: adquiere un dominio, prepara tu página web, escribe un blog. Un pequeño consejo: intenta que tu página sea sobria y se descargue rápidamente a cualquier velocidad. Yo soy de las impacientes, y tengo una ADSL… En resumen, aprende a venderte de manera profesional. Y en ese paquete, incluye unas tarifas profesionales a juego.
P.





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