Archivo de Abril 2008

Ir a un bar se ha convertido en algo muy aburrido desde que tengo acupuntora que se preocupa por mi bienestar. Ya no pido un café con leche, sino un descafeinado de máquina con leche. ¿Y qué decir de la coca-cola? Ahora se ha convertido en una coca-cola a temperatura ambiente. Lo que más me fastidia, no obstante, son las averiguaciones en las que se mete la camarera: «¿Lo quieres con hielo?» Esta pregunta me ha hecho meditar bastante y he llegado a la conclusión de que por Madrid andan sueltos ciertos individuos que gozan con el sabor aguachinado de la coca-cola enfriada a base de hielo…

Pero déjame que te responda: ¡NO! ¡NO quiero hielo!

Ayer leí en una de mis revistas de historia que habían descubierto, por fin, la composición del azul maya (sí, de ese azul que no le faltó a Mel Gibson en «Apocalyto»).


Fin de semana de sorpresa de Renault. Cuando todo el mundo daba la temporada por perdida, va Alonso y se cuela en la primera línea de parrilla… A todos los que desprecian a la marca del rombo, recordarles que los dos primeros campeonatos mundiales de Michael Schumacher le llegaron de la mano de un motor Renault (Williams Renault y Benetton Renault). Vamos, que Renault no es primeriza en estas lides y a saber lo que le han prometido a Alonso, que parece más contento que nunca.

P.

Lo que he leído esta vez en el periódico rebasa ya los límites de la ignorancia más supina:


En cristiano, esta frase quiere decir:

que viene del extranjero, y está en América bastante tiempo y se siente sumamente atraído por su proceso político porque afecta al mundo entero.

Lo tuve que leer TRES veces para caer en la cuenta de lo que quería decir el periodista. No está mal, no.

P.

Hace poco volví a ver la película «Sr. y Sra. Smith». Dista mucho de ser buena, pero estaba entre las que tenía a mano, totalmente sin pretensiones. A veces este tipo de películas nos hace un tremendo favor. En este caso, fue la frase de Vince Vaughn, cuando le piden que liquide a su amigo e indica que no se levanta por menos de…

La idea que debemos adoptar no es la del millón de dólares (o cualquier cifra igualmente desorbitada que nos cita), sino la de las condiciones mínimas que tenemos que haber conseguido antes de sentarnos a hacer un trabajo para cualquier cliente.

Antes de sentarnos frente al ordenador, debemos tener todo esto discutido y pactado:

1. la tarifa
2. el recuento de palabras del trabajo
3. el plazo de entrega
4. el método y el plazo de pago
5. las posibles consultas lingüísticas

Suena tremendamente básico, lo sé. Pero precisamente por ser parte fundamental de nuestro trabajo, debemos tener siempre presentes estas condiciones mínimas sin las que NO conviene trabajar.

Añadiría un último consejo: no aceptes jamás un trabajo el viernes por la tarde para un cliente nuevo. Te lo deletreo: huele a marrón… :)

P.