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Por si no era poco mi carencia de B12 que me tenía enclaustrada en casa, el viernes me subí el listón de las dificultades… varios metros: me he roto el tobillo izquierdo, el de la pierna buena y sana, que ahora está peor que la pierna mala.
Sigo teniendo inyecciones, aunque esta vez no son de B12, sino de heparina, a diario y en la tripa. La B12 me la tomo en pastillas sublinguales, creyendo en el milagro de que estaré genial de la pierna mala (la mala de la B12) para cuando me quiten la escayola de la pierna peor (la de la escayola).
Dentro de este virtuosismo del más difícil todavía, mi rotura la conseguí yo solita en mi casa, sin coger carrerilla, ni dar un salto ni caerme desde cierta altura. Estaba de pie, fui a abrir la puerta, se me soltó la mano de la puerta, perdí el equilibrio hacia atrás y aterricé sobre mi pierna izquierda, que se había plegado como un acordeón. Y eso son DOS roturas en el maleolo.
Lo bueno es que las fracturas no tuvieron desplazamiento y ni siquiera hubo que reducir, se limitaron a enyesar.
Seis semanas más de inmovilidad (duermo un mogollón hasta que me harte de dormir, claro). Descanso, vuelvo a ver «El ala oeste» (voy terminando la 5ª temporada) y he vuelto a leer. No hay mal que por bien no venga…
P.






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