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Archivo de Septiembre 2008
He llegado a un punto muerto. Lo único que puedo hacer ahora es desear que el tiempo pase con la mayor rapidez posible. Mientras, voy haciendo mis deberes:
1. Sigo yendo a que me pinchen mi B12 semanal (he recuperado el equilibrio)… :)
2. Sigo haciéndome todas las pruebas habidas y por haber (hoy [sábado, sí] toca resonancia de la rodilla izquierda; el lunes un electromiograma [agujas y electricidad, tiene pinta de tortura medieva])… ¡Ay!
3. He empezado con fisioterapia en mi casa dos veces a la semana. Gracias a ella ya le he dicho adiós a la silla de ruedas en mi casa…
4. El día 29 espero poder salir a cenar con mi marido y unos amigos. Hace muchos meses que no salgo a divertirme.
Por lo menos, me divierto televisivamente. Le he regalado a mi marido un estuche con las seis temporadas de «Los Soprano». Veo la serie en inglés (voy más adelantada que él) y luego la vemos en español. Buena serie donde las haya… ¡Me encanta!
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P.
Ha muerto uno de mis ídolos de la música, Richard Wright.
Tal cual, con ese nombre, es posible que no os suene mucho. Pero si os digo que tras su marcha Pink Floyd jamás volvió a sonar igual, sabréis que hablo de una de las cabezas pensantes del grupo, cuya última contribución fue «The Wall».
Hablar de Pink Floyd es remontarme a mis 15 años (1977), cuando me compré su primer disco (que me costó la asombrosa cantidad de 300 pesetas, aproximadamente 1,80 euros). Sigue siendo mi gran favorito aquel disco, a pesar de no ser de los «grandes». Me refiero a «Animals». Y aún me sé sus letras de memoria.
Recuerdo también «Live at Pompeii», que vi en la televisión mi primer año de universidad.
Con Pink Floyd aprendí inglés. No aprendí el inglés normal, sino el inglés que no me enseñaba nadie, que aprendía yo sola: torniquete, hojilla de afeitar, poli…
Y gracias a Pink Floyd, acabé riéndome con mi madre muchas veces, como aquella vez que entró en mi habitación buscando un helicóptero que parecía gravitar sobre la casa y era sólo «The Wall», a todo trapo.
Conseguí ver a Pink Floyd en concierto a finales de los 80, en Pontiac, pero Wright y Waters ya se habían marchado y no sonaba igual…
Pink Floyd sigue siendo mi música de cabecera, la que puedo escuchar siempre. Ese «Wish You Were Here»…
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P.
Hasta que no haya cambiado unas cuantas cosas en la otra plantilla, seguiremos con esta…
P.
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A primer golpe de vista, esta fotografía y su dramático titular nos inducen a pensar que el chico se aferra a la farola (o lo que sea) en un intento denodado por salvar la vida.
Lo bueno viene después, cuando se ha tenido un padre farolero y fantasma que te ha enseñado a reconocer una «bandera» allá donde la veas. Ni más ni menos: el chico está haciendo la bandera.
¿Que cómo lo sé? :) Muy sencillo:
1. El agua de los pies está mansa, no la arrastra el aire en la dirección del cuerpo. De hecho, va en otra dirección, fíjate, en perpendicular a la línea que traza el cuerpo del «abanderado». :)
2. El brazo superior, y en especial ese dedo índice que apunta hacia abajo…
3. Ese brazo inferior, doblado, para sustentar el cuerpo…
Ando buscando una entrada en Internet que corrobore mi historia, aunque veo que la única que puede es mi hermana… :) ¿Te acuerdas de aquella vez que hizo la bandera chuleando y casi se partió el meñique al soltarse? :D
P.
Tengo todavía que arreglar unas cosillas (las imágenes, que no se centran), pero aquí tenéis el nuevo tema que he elegido por imagen y por legibilidad. Espero volver a escribir con asiduidad la semana que viene, así que sed pacientes.
Que tengáis un bonito fin de semana.
P.





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